El mar de las cosas

Imagen de Leonardo Valente en Pixabay Me falta vida para crear palabras y acaso un tintero donde mojar las letras. Unos ojos que miren bien adentro y se pierdan, porque el afuera tiene una brújula siempre alerta. Si me preguntas ¿cuánto debo restarle al tiempo?, te diré: "nada pesa más que las horas muertas". Despierta vivo el sueño que anticipó un abrazo y dormida sólo acierto a seguir soñando. Todo me habita, y mi puerta sigue abierta. Entra la vida, sin permiso, y no se queda. Tiene forma de aves cantarinas y luciérnagas, que invaden la casa esas noches que apenas duermo. Teje mis horas un destello allá en lo alto, y un cometa me avisa: "nada es nuevo, todo vuelve". Es el ciclo del tiempo, es la marcha inefable. Soy un grano de arena, anodino e indistinto, en el mar de las cosas. ¡Libertad... para pensar!