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Envejecer

A tres pasos de la tumba
la muerte ya no persigue al hombre
por la escarpada geografía de las cosas,
no presta su voz a los demonios
susurradores de odios
ni engendra momentos suicidas
que descuelgan de la vida presurosos.

Previo a su partida
el hombre es transparente,
más simple su figura,
los pies se adhieren a la tierra
vigorosos,
su mirada se fija sin temor en el vacío,
espera,
y el alma ocupa la cavidad del silencio.

Ante la oscuridad inminente,
el mundo adquiere
la proporción de las manos,
y los seres la medida de su impulso.
Se reduce la distancia
entre el cuerpo y las cosas,
se atraen inevitablemente
se acercan, chocan y se mezclan.
La muerte, el hombre y el mundo son un todo.

Madrugada

Escribiente / Llueve

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