Visionarios

Imagen de ArtTower en Pixabay Toda ciudad malpare a los visionarios, hombres con rostros de hienas son sus comadres; asisten a la muerte en sus oficios. Silencian el trinar de las auroras, por miedo a que la vida se despierte en medio de una noche de terrores. Los repudia porque son hijos del miedo, inmunes a sus podridas fauces, a los toques de queda en noches de luna negra y calles que profanan utopías. Sordos a las cornetas que anuncian crisis, cuando la opulencia es austera e impone olvido. Hijos destinados a inmolarse en pleno paroxismo de los sueños. Son las dagas que estrangulan sus delirios. ¡Libertad... para pensar!