Visionarios

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Toda ciudad malpare a los visionarios, hombres con rostros de hienas son sus comadres; asisten a la muerte en sus oficios.  Silencian el trinar de las auroras,  por miedo a que la vida se despierte en medio de una noche de terrores.  Los repudia porque son hijos del miedo, inmunes a sus podridas fauces, a los toques de queda en noches de luna negra y calles que profanan utopías.  Sordos a las cornetas que anuncian crisis, cuando la opulencia es austera e impone olvido.  Hijos destinados a inmolarse en pleno paroxismo de los sueños.  Son las dagas que estrangulan sus delirios.


¡Libertad... para pensar!

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