Lucía Alfaro (1959)

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Lucía Alfaro, escritora costarricense

 
Lucía Alfaro es mucho más que una poeta. Su vida y obra están entrelazadas en una trayectoria marcada por la pasión por las letras y un compromiso constante con la promoción cultural y el fortalecimiento de la comunidad literaria costarricense.

Graduada como Bachiller en Administración de Empresas y Filóloga de la Universidad de Costa Rica, Alfaro ha sabido combinar su formación académica con su pasión por la literatura. Actualmente, se encuentra cursando una Maestría en Literatura Latinoamericana, profundizando así su conocimiento y comprensión del arte literario.

Desde el año 2007, es miembro fundadora del Grupo Literario Poiesis, donde ha desempeñado un papel crucial en la gestión cultural, promoviendo la creación y difusión de la obra literaria en Costa Rica. Además, ocupa el cargo de tesorera en la Asociación Costarricense de Escritoras, contribuyendo al fortalecimiento de la comunidad de mujeres escritoras en su país.

La participación de Alfaro como jurado en concursos de poesía, tanto a nivel local como nacional, demuestra su compromiso con el desarrollo y reconocimiento de nuevos talentos en el ámbito literario. Su experiencia como jurado también refleja el profundo respeto y admiración que tiene por la poesía como forma de expresión artística y como vehículo de reflexión sobre la realidad.

A lo largo de su carrera, Lucía Alfaro ha participado en encuentros literarios tanto a nivel nacional como internacional, donde ha tenido la oportunidad de compartir sus poemas y enriquecer su visión del mundo a través del diálogo con otras escritoras y escritores.

El reconocimiento a su talento no se ha hecho esperar. En el Certamen Literario Brunca de Poesía, obtuvo el segundo premio con su poemario "Antagonía" en el año 2014, demostrando así la calidad y profundidad de su obra poética.

Con un primer poemario publicado en 2010 bajo el título "Nocturno de Presagios" por la editorial EUNED, y un libro titulado "Entre Babel y el cielo de mi boca" en proceso de edición por la Editorial de la Universidad de Costa Rica, Lucía Alfaro continúa dejando huella en el panorama literario costarricense. Además, cuenta con tres poemarios inéditos, un libro de cuentos y una novela en proceso, mostrando así la amplitud y diversidad de su producción literaria.

En resumen, Lucía Alfaro es una autora comprometida con la excelencia literaria, la promoción cultural y la construcción de un mundo más justo y solidario a través de la palabra escrita. Su obra y su ejemplo inspiran a nuevas generaciones de escritores y escritoras a seguir explorando los límites de la creatividad y el compromiso artístico.


Arritmia de las horas 

                               La ventana del comedor
                     se ha tornado de un azul oscuro.

                                        A Virginia Wolf


Empiezo a sospechar

la gota de sangre en el espejo

y la lágrima estéril

que bordea las piedras.


He novelado el beso en las cuatro estaciones

de esta cárcel que algunos llaman casa.

Las paredes no saben que me tapo la cara

para que no intuyan 

ese olor a muerte que sube a quemarropa

rasgando los peldaños

y me suspende total detrás de la ventana.


He tentado el pastel

con un sabor a sal

y a chocolate

en la estoica mejilla de mi hijo.


Confieso que fui a comprar las flores

y a recoger las arrítmicas piedras

en el jardín de atrás,

donde duermen los pájaros

con los ojos abiertos debajo de las aguas.


(De Antagonía, Editorial Torremozas, España 2016)


Albatros

Sabe que no es un simple ángel,

se descubrió animal

que no conoce dónde empieza el perdón.


Pero ya no le teme a los falsos satélites

que refleja el océano.

Sospecha que la luna esconde un pecado original

detrás de sus mentiras.


Intuye que la muerte descansa en sus ojos

deliberadamente;

por eso para olvidar el rastro

del ángel vengativo,

esconde la llaga debajo de sus plumas

cada vez que solloza tendido en la arena.


Es solo un animal

que no sabe dónde acaba el océano.


(De Las lunas del mal, Editorial Summa, Perú, 2021)


Ritual de luna llena

De niña alguna vez pensé

que la luna era un pájaro triste

naciendo en el costado de la noche

y que los astros más pequeños

eran estrellas

formadas con las cenizas

de mis antepasados.

Pero era otra falacia.


Después la vi dejar sus alas

detrás de los telones

y rodearse de mujeres sombrías,

de farsantes que querían mi sangre

en sus rituales.


Cantaban y danzaban descalzas,

drogadas de codicia se rasgaron las ropas

al son de los tambores,

sarcásticas reían

y elucubraban palabras incoherentes.

Ella miraba ansiosa,

radiante, satisfecha,

altiva en la concavidad de las tinieblas.

Yo la miré desde el fondo

de mis aguas,

ya sin venda en los ojos

pude darle la espalda.


(De Las lunas del mal, Editorial Summa, Perú, 2021)


A contrapelo

La vida es este instante –me repiten los ecos,

y yo sigo corriendo, buscando en cada ojo,

en cada signo,

en cada flor que se abre la señal de salida.


Alguien me quiere hablar de sus veinte años,

de los pétalos rotos que esconde entre su falda,

de los sueños que antecedieron siempre a las posibilidades.

Mientras yo camino indiferente

tropezando entre las hojarascas

y en el tacón mordaz del boom de los charoles.


He dejado el instante

en el cansado quicio del cansancio.

He envuelto con gasa mis talones

y he tomado en mis brazos el corazón del viento

para correr entre las avenidas

y entre los vendedores de manzanas,

de luces importadas, de diciembres…


El carnaval a veces me convoca,

después me deja ebria

en esa esquina que tampoco existe.

 

La vida sigue atenta la dirección del polvo

que levantan mis pasos;

con su boca ya seca

y su mareada brújula

corre detrás de mí, a contrapelo,

tratando de alcanzarme.

Se vuelve perra fiel, hambrienta loba,

quiere beber la savia de mis huesos,

quitarme el antifaz, la piel, la lágrima,

esta sonrisa de esfinge que no es mía.


Pero yo sigo nómada, solipsista metáfora,

cláusula impersonal

buscando alucinada la cábala,

o el ángel que se atreva a estremecer la piedra,

la meta y su cintilla.   


La vida se desnuda de pronto en mis pupilas…


 (De La soledad del ébano, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2015)


Blues

El blues me llama siempre

desde cualquier neblina.

Desde este ozono

gris y nauseabundo

contaminado de odio

penetra hasta dolerme,

desguaza muy despacio

a cada araña sobria

que se teje en mi boca.

Los girasoles, todos,

son un charco de miedo

temblando en estas cuencas

que perdieron los ojos.

Pero el blues se acurruca

como un niño muerto

al lado de mi tumba.

Me llama desde entonces,

desde antes,

desde siempre.

Dice que esta atmósfera

no le es suficiente

para sus coordenadas.

Repite que los buitres

nos secaron los huesos,

y que inventaron nombres,

líneas distorsionadas,

colores cibernéticos

y pantallas de plasma

con pájaros y niños

empapados de sangre

y de demencia.

 

(De Antagonía, Editorial Torremozas, España 2016)


Tregua

Necesito reconstruir su rostro,

su círculo perfecto

cada treinta de octubre

y no morir de mar en el intento.


Necesito llegar a ese puerto

donde llegan los pájaros

que perdieron el rastro

y hacer de este corazón

un muelle silencioso

en desventaja idónea,

para que copulen ballenas

y naufragios,

y el fin de las sirenas

no sea la extinción de los sueños.


Necesito encontrarla flameando

en los faros de los barcos de infancia

sin cobardía o valor,

simplemente mirarla de cinco años

en las latas urgentes de los techos

y lavarle los ojos con la sal

de mis aguas ocultas,

cauterizar la sangre,

la mentira, la arena

con la grafía rebelde

que palpita debajo de esta huella.


(De Las lunas del mal, Editorial Summa, Perú, 2021)


Luna en minúscula

Imaginó ser un satélite invencible

pero es solo una gota de sudor

que cae del gran astro.

Yo la encontré en el fondo de mí misma

porque el mar no le fue suficiente.


La conozco y no puede mentirme.

Caminé por los zaguanes tristes de su psique

y entonces la nombré luna en minúscula.


Nunca más dominará este océano.

La playa está sitiada

con valeriana y otras hierbas santas,

para que no martille la memoria

del ángel de las aguas.


Su huella fue borrada


por los mismos cangrejos

que devoró en su cena.

Ahora está floreciendo el cactus

que sembré entre manglares

y la señal que dejó en mi costado

cicatrizó bendita.

¿Qué inteligencia extraña le ordenó vigilarnos?


El devenir opaco de la cara que oculta

la obliga a alejarse.

No aumentará su órbita.

Todos saben que no tiene luz propia.

Los ancestros ya lo han demostrado:

nadie es indispensable

en la raíz volátil de las piedras.


(De Las lunas del mal, Editorial Summa, Perú, 2021)


Esta entrada se escribió con ayuda de la IA

¡Libertad... para pensar!

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