María Zambrano (1904-1991)

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María Zambrano, escritora española


Biografía

María Zambrano, nacida en Vélez, Málaga, el 22 de abril de 1904, y fallecida en Madrid en 1991, es una de las voces más relevantes del pensamiento filosófico del siglo XX. Su vida y obra estuvieron marcadas por su compromiso político y social, siendo una ferviente republicana y militante activa durante la Guerra Civil Española, lo que la llevó a un exilio de más de 45 años.

Formada en la escuela de José Ortega y Gasset, Zambrano desarrolló una filosofía original y profunda, reinterpretando la razón vital orteguiana hacia lo que ella llamó el "saber del alma". Su pensamiento se caracteriza por una filosofía que busca iluminar las zonas oscuras del sentir humano, siguiendo las huellas de Empédocles. Trabajó con materiales y temas que tradicionalmente habían sido ignorados por la filosofía, como el sueño, el saber femenino y la poesía.

María Zambrano es conocida por su concepto de "razón poética", que no solo mezcla filosofía y poesía, sino que propone una filosofía "alquímica" capaz de extraer la luz del pensamiento de materiales cotidianos y humildes. Su crítica al racionalismo dualista se traduce en una reflexión que cuestiona la razón desde aquello que excluye y considera impuro, acercándose así al pensamiento de Nietzsche. Comparten el rechazo al historicismo, la denuncia de la ideología del progreso como "sarcasmo de los vencedores" y la idea de rescatar las potencialidades revolucionarias del pasado como fuente de iluminación para el presente, visión que también comparte con Ernst Bloch y Walter Benjamin.

Una de las metáforas más recurrentes en la obra de Zambrano es la de la aurora, que simboliza la atención al renacer diario del ser humano. Su pensamiento se interesa por la transformación que no niega la pertenencia, sino que la presupone, concibiendo la libertad como una práctica y un ejercicio de trascendencia en la vida cotidiana y en la convivencia con otros seres humanos, unidos por la pertenencia al Universo.

María Zambrano dejó un legado intelectual que sigue inspirando a generaciones de pensadores y filósofos. Su obra, marcada por la profundidad y la originalidad, continúa siendo una fuente de reflexión sobre la condición humana, la libertad y la razón poética.

Obras

  1. 1992, El hombre y lo divino (1955), Madrid: Siruela.
  2. 1998, Delirio y destino (1989), Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces.
  3. 1998, El sueño creador (1965), Madrid: Club Internacional del Libro.
  4. 2001, Filosofía y poesía (1939), Madrid: Fondo de Cultura Económica.
  5. 2004, De la aurora (1986), Madrid: Tabla Rasa, Madrid.

Poemas

Geografía de la aurora

     Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen tan de verdad que éste conserva en la vigilia las huellas del tacto, a veces hecho memoria tanto o más que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por años, por duraciones sin fin, ese color visto tan sólo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontrándola en tierras lejanas bañadas por otra luz. ¿Cómo suceden, cómo están ahí asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extraña a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber cómo ni por qué, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin añorar sin soñar, duerme al fin en su gruta sin soñar señor alguno, que le haya herido y sin soñarse él a sí mismo, olvidado de toda herida.

     El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.

Zambrano, M.: "Geografía de la Aurora", en De la Aurora, Madrid,
Ed. Turner, 1986, p.106

La mirada

     Sólo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene entonces, aunque no perdure y sólo sea fugitivamente, sin apenas duración, pues que crea así el instante. El instante que es al par indeleblemente uno y duradero. La unidad, pues, entre el instante fugitivo e inasible y lo que perdura. El instante que alcanza no ser fugitivo yéndose.

Inasible. El instante que ya no está bajo la amenaza de ser cosa ni concepto. Guardado, escondido en su oscuridad, en la oscuridad propia, puede llegar a ser concepción, el instante de concebir, no siempre inadvertido.

     Y así, la mirada, recogida en su oscuridad paradójicamente, saltando sobre una aporía, se abre y abre a su vez, "a la imagen y semejanza", una especie de, circulación. La mirada recorre, abre el círculo de la aurora que sólo se dio en un punto, que se muestra como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. Lo que constituye su gloria inalterable.

Zambrano, M.: "La mirada", en De la Aurora, Madrid,
Ed. Turner, 1986 p. 35.


Delirio del incrédulo

   Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
[Si pudiera, pero hundirme... ]
   Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.]
   Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.
   Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la nada.

Roma. Enero, 1950. Hotel d'lnghilterra

¡Libertad... para pensar!

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