Olga Elena Mattei (1933)

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Olga Elena Matte, escritora colombiana

Biografía

Había una vez una niña que nació bajo el sol de Arecibo, Puerto Rico, en 1933, pero cuyo corazón encontraría su ritmo definitivo en las montañas de Antioquia. Ella es Olga Elena Mattei, una mujer que no eligió una sola forma de arte, sino que decidió vivir el arte en todas sus formas.

Desde pequeña, su vida se refugió en la belleza. Estudió ballet, teatro y escultura, y más tarde se formó en Filosofía y Letras.  Pero no fue solo una estudiante; fue una exploradora del alma humana. Su primera obra, Sílabas de arena, publicada en 1962, fue el comienzo de un viaje literario imparable que la llevaría a publicar más de 20 libros y a dejar un tesoro de miles de poemas inéditos, esperando ser descubiertos.

Olga Elena es una poeta que no conoce fronteras.  Su obra ha sido traducida a múltiples idiomas y ha resonado en auditorios de todo el mundo. Imaginen su cantata "Cosmofonía" sonando en la Radio Televisión de Francia, o su poema multimedia "Cosmoagonía" iluminando las cúpulas de planetarios desde Nueva York hasta Tokio.  Llevó la poesía colombiana a lugares donde nunca antes había llegado.

Pero su creatividad no cabía solo en los libros. Olga Elena fue una mujer renacentista: actuó en obras de teatro, fue modelo, dirigió galerías de arte y durante 25 años ejerció como periodista cultural, llevando la crítica de música y arte a los lectores de los diarios más importantes de Medellín con una elegancia y profundidad admirables.

Su talento ha sido reconocido con los premios más prestigiosos, como el Nacional de Poesía Guillermo Valencia y el Internacional de Poesía Café Marfil en España. Fue incluida entre los 100 antioqueños más importantes del siglo XX, siendo la única escritora en una lista de "Grandes Hombres". Un dato que nos habla de su lucha y su triunfo en un mundo que no siempre abría sus puertas a las mujeres.

Olga Elena ha dedicado su vida a escuchar al infinito y a traducir sus misterios en versos. Olga Elena no es solo una de las poetas más importantes de Colombia; es un testimonio viviente de que una vida dedicada a la creación es una vida plena y sin límites. Su legado nos recuerda que el arte, en todas sus formas, es el lenguaje más profundo del alma.

Poemas

El Desconocido

Despierto,
llena de conmoción,
del más intenso sueño:
Un beso hueco
con un hueco
negro
aspirando galaxias
en mitad
de las gargantas!
Galaxias ácidas
que recorrieron
todos mis nervios
convirtiendo
mi cerebro
en una supernova
efervesciendo!
Y eras tú, el desconocido,
el que aún no ha venido.
El que he estado buscando
entre todos
los rostros
de soldados
egipcios
y de ejércitos
chinos
plasmados
en barro…
El que busqué hace años
dentro de los ojos
de mis amigos…
El que sigo buscando
sin que jamás desista…
El que hoy me ha besado…
Tú, el que
tal vez no exista!

Sincronía

Hechos los dos de lumbre y lejanía,
afinados al eco del recuerdo,
ambos en sincronía,
somos fuego.
Alimento febril
de mi cerebro.
Química de neutrones
en neuronas ilusas
que fusionan
mi mente con tu fuero.

Esculturas de carne
purificada en vuelo,
se alzan en mi memoria
en medio del silencio
y reconstruyen los instantes
que vivimos temblando
como imanes
de piel y pensamiento.


Escuchando el infinito

En la curvatura del universo 
mi mirada me alcanza por la espalda.
Siento mi mirada / forzosamente sometida
a la limitación de la distancia 
cuando el día recorta en mi pupila
su luz organizada / y determina 
la longitud de mi visión,
según el eco que refleja / desde cada rincón
que me rodea.
Si pudiera, flecha rauda,
la luz de mi retina,
avanzar como avanza
la mirada de Dios en el espacio,
una estrella sería mi cabeza
y  un guarismo tremendo / cifraría 
mi comprensión del fuego,
mi pensamiento inmenso,
(aunque pequeño mi momento).
Y por el hueco espacio del curvado universo,
las ondas de mis ojos / viajarían en redondo 
hasta envolver la curvatura de lo eterno 
y un anillo sería mi mirada / pretérita y futura.
Mi pregunta se haría visión retrospectiva.
Todo lo abarcaría,
y en el final regreso de la luz sobre el reflejo,
un círculo perfecto el haz describiría 
hasta encontrar mi imagen de espaldas a mí misma, 
y penetrar mi cuerpo cual un espíritu divino,                                             
raíz y fronda mi cerebro, nido de estrellas, fuego ígneo, 
copia de Dios a escala mínima, donde la luz es energía 
y se llama pensamiento.
Aquí mis ojos me regresan:
Soy poeta. Me proyecto 
hacia el día absoluto en que aquella mirada 
que dejé navegando en el espacio 
complete su periplo 
por el universo cóncavo-convexo,
y en la cuarta dimensión, alucinante,
(recta curvada por la mano del ángel),
su trayecto me alcance de frente por la espalda.
El anillo de luz bautizará mi alma 
y sería como un espejo de una sola faceta.
Paradoja metafísica de infinita grandeza, 
mi pequeñez unificada:
“Quanta” soy: ¡Solo un poeta!

¡Libertad... para pensar!

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