El imperio del fracaso


María Eugenia Marínez Garcés, Horizonte Femenino, Bloguera, Mujer negra sonriendo, Mujer recostada contra un árbol



Quiero construirme una vida digna, que no deje dudas respecto a quien soy.  Que exhiba los fantasmas de mis fracasos bajo el sol cada mañana.  Que no se defina por la perspectiva de otros.  Quiero ser esa posibilidad, la que se busca entre los márgenes de la confusión y el vacío.

Esto que soy, tomado de la mejor versión de mis fantasías más locas, no tiene límites.  Es una fuente inagotable de propuestas.  Me reinvento paso a paso. Soy un instrumento de la gran orquesta de la vida; la mejor música para mis oídos emana de mí ser en sintonía.

He fracasado sí y de forma estruendosa, en el amor, al elegir un oficio, en la crianza de mis hijas, en mis aspiraciones de éxito y ventaja económica; en ser una chica de portada o una influencer que da pautas a quienes creen navegar a oscuras.  No soy una mujer prototipo.  Soy un reducto, un intento fallido.  Erró el mundo en su propósito  de convertirme en títere y hacer de mi historia un producto enlatado.

Sin embargo, no he fracasado en elegir  lo que me gusta y define.  Empezando por la cualidad de reírme de todo, más tarde que temprano, pero me río.  Sin duda, también después de una lágrima.  Porque la risa reagrupa mis sentidos entorno a lo esencial.  Si el llanto y el dolor me escinden o dispersan, en un marasmo de tragedia que parece inagotable, la risa tiene el efecto que producen los rayos de luz tras la lluvia, hace que renazca para la vida.  No hay renacimiento sin muerte, y mis horas oscuras son un anticipo de la claridad que en adelante albergará mi espíritu. 

Mis fracasos son un triunfo sobre lo inútil, lo predicho o dado por cierto en el báculo de la gran masa.  ¡Qué delicia esta vocación de fracaso sin tregua!  Sólo la muerte podrá hacerme desistir de eso que llaman fracaso.
¡Libertad... para pensar!