Darwinismo, eugenesia y sociobiología


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               Introducción

     Con la publicación de El origen de las especies (1859) y El origen del hombre, la selección natural y la sexual (1871) de Charles Darwin, se evidenciaron nuevos elementos del debate ético – político que iniciaron los sofistas en el siglo V a.C. y aún persiste.   La teoría evolutiva, sus antecedentes malthusianos y las corrientes surgidas de ella: la eugenesia y el neodarwinismo, reactivaron la discusión en torno a los orígenes de la igualdad humana y el carácter de la justicia.  

      1.      La teoría evolutiva y la Ley del más fuerte 

     La teoría de la evolución o cambio adaptativo del hombre y las especies inferiores elaborada por Charles Darwin a mediados del siglo XIX, propone que el perfeccionamiento orgánico es un proceso desarrollado a lo largo de millones de años, que habría sido imposible sin la intervención de “las fuerzas hostiles de la naturaleza” y la interacción de cinco fenómenos básicos que determinan el futuro de cada población: herencia, mutación, direccionalidad de los cambios acumulativos, aislamiento y deriva.  Todas las especies proceden de la misma fuente, a partir de un solo tronco formas elementales de vida transitaron hacia especímenes superiores; multiplicándose y dando paso a nuevas variedades.   Este desarrollo progresivo fue posible gracias a las características y destrezas con que la naturaleza los dotó para sobrevivir en ambientes hostiles.

      La teoría evolutiva se enfoca en dos aspectos, de un lado, se ocupa de las condiciones de adaptación de las especies inferiores, reseñadas en El origen de las especie y, de otro, intenta aplicar sus principios básicos al entendimiento de la sociabilidad humana, consignados en El origen del hombre, la selección natural y la sexual.  En estos libros Darwin sintetiza los postulados biológicos, económicos y filosóficos de mayor relevancia en su época, y que junto a su obra modificaron sustancialmente la relación del hombre con la naturaleza y el modo de percibirse a sí mismo.   Entre las influencias recibidas me interesa destacar la ejercida por Thomas Robert Malthus, con los conceptos de sobrepoblación y recursos, planteados en la “Teoría de la escasez”, y Herbert Spencer con la propuesta de la “supervivencia del más apto”, que también se origina en postulados malthusianos. 

     Malthus presenta, en el Ensayo sobre el principio de la población (1798), dos axiomas determinantes para la propuesta de Darwin.  El primero indica que una población no limitada en su crecimiento aumentará su volumen en una progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32, etc.), llegando a duplicarse al cabo de veinticinco años.  Posteriormente, irá incrementado su número siguiendo esta serie.  El segundo establece que la producción mundial de alimentos sólo crece en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5, 6, etc.).   De este modo, en dos o más siglos la población y los medios de subsistencia estarían en una relación proporcional de 512 a 10[1].  Al cruzar estas variables Malthus dedujo el “principio de la población”, el cual reconoce que los alimentos son imprescindibles para la subsistencia; pero así mismo la “pasión entre los sexos” ha sido constante en el transcurso de la historia.  Existe una tendencia natural a la sobrepoblación que pone en riesgo el progreso de las sociedades humanas y el conjunto de la vida en el planeta (Cfr, Malthus, 1998) [2].  
      
     Es ley natural que la reproducción y los recursos establezcan una relación de correspondencia.  Aunque la necesidad de subsistir o la razón humana operan como una fuerza restrictiva para frenar la excesiva tendencia a la reproducción, lo existente se multiplica con rapidez.  De ahí que Malthus, en una clara alusión al esquema platónico del mundo, presente a la naturaleza como un juez que piensa y actúa racionalmente, y crea los mecanismos adecuados para conservar el equilibrio.  En el ámbito humano, la enfermedad, la miseria, el vicio, las guerras, las erupciones volcánicas y los terremotos son los encargados de mantener a la población dentro de sus cauces.  

    La enfermedad y la miseria son consecuencias naturales de esta ley imperiosa; males irremediables frente a los cuales el Estado no debe actuar, pues al ser limitados los recursos para la subsistencia los mismos no pueden distribuirse entre todos los individuos, sin desmedro de quienes están en mejores condiciones sociales.  El vicio, al que Malthus alude indistintamente en el Ensayo, se presenta en términos de probabilidad: métodos anticonceptivos rudimentarios, promiscuidad, libertinaje, todos ellos condenados por el autor que se oponía a cualquier medio que frenara la procreación de forma artificial, porque “es un objetivo del creador que la tierra se pueble” (cfr. Malthus, 1998:437).  Cuando fallan los mecanismos naturales de contención, “los terribles correctivos de la naturaleza”, sí corresponde al Estado implementar las políticas necesarias para asegurar la reducción de la población a sus niveles óptimos (Cfr., Malthus, 1998). 

Para ser consecuentes deberíamos facilitar las operaciones de la naturaleza que tienden a producir esta mortalidad en lugar de tratar neciamente de impedirlas; y si tenemos la visita demasiado frecuente del horrible espectro del hambre, deberíamos fomentar asiduamente las otras formas de destrucción que obligamos a la naturaleza a emplear.  En lugar de recomendar al pobre la limpieza, deberíamos estimular los hábitos opuestos.  En nuestras ciudades deberíamos hacer las calles más estrechas, amontonar más la gente en las casas, e incitar el retorno de la peste.  En el campo, deberíamos construir nuestras aldeas cerca de las aguas estancadas, y estimular de manera particular la fundación de poblaciones en todas las regiones pantanosas e insalubres.  (Malthus, 1998: 456)

     La posición de Malthus responde al contexto general de su época, caracterizado por un marcado pesimismo frente al progreso humano.  En este ambiente cobraron fuerza propuestas que eximían al Estado de garantizar el logro de fines individuales, de tal suerte que la justicia, o el reparto de bienes y garantías, se hiciera conforme al mérito propio o de acuerdo con la ley natural.  En el fondo del rechazo a la pobreza y la discapacidad reposa la idea de que lo natural sólo puede ser bello y armonioso, lo contrario son resultados de la infracción a las leyes divinas o excedentes de un sistema sobrecargado.  El exceso de población pone en evidencia la desgracia de quienes llegan de últimos a un mundo cuyas riquezas ya fueron distribuidas.  Así, Malthus propone el célebre pasaje “Banquete de la naturaleza”, considerado el principal argumento a favor de las causas naturales de la pobreza:

El hombre que nace en un mundo que ya ha sido apropiado, si no puede lograr que los padres o parientes a quienes corresponde lo mantengan, y si la sociedad no quiere su trabajo, no tiene derecho alguno ni a la menor ración de alimentos, no tiene por qué estar donde está, en ese espléndido banquete no le han puesto cubierto. La naturaleza le ordena que se vaya y no tardará en ejecutar su propia orden si ese hombre no logra compasión de alguno de los invitados, si estos se levantan y le dejan sitio, acudirán enseguida otros intrusos pidiendo el mismo favor y se perturbará así el orden, la armonía de la fiesta y la abundancia que antes reinaba, se convertirá en escasez (Malthus, 1998:433).

    Desde su formulación la tesis de Malthus tuvo detractores y seguidores, entre estos últimos Darwin, quien acogiendo el principio de la población convirtió la vida en un campo de batalla.  Propuso la selección natural para demostrar que el crecimiento acelerado de la población, la escasez de recursos y las limitaciones del espacio geográfico hacen inevitable entre los seres orgánicos la lucha por la existencia.  Todos los individuos buscan sobrevivir en un medio hostil haciendo uso de las características físicas y comportamentales que han recibido a través de un mecanismo de asignación aleatorio.  Dadas estas circunstancias, la selección privilegia de cada grupo a los sujetos con las mejores cualidades (más fuertes, más ágiles, más altos, más veloces, etc.).  Este acto no tiene ninguna intencionalidad teleológica, su objetivo principal es conservar los rasgos o variaciones que sean útiles para la supervivencia del grupo.   En el hombre el proceso de selección no sólo tiene presente las cualidades físicas y la conducta; sino que incluye además la inteligencia y la moral, pues ellas son muestras de la superioridad humana con respecto a las especies inferiores.  A otro nivel, la selección establece distinciones internas entre los hombres dotados de talentos de aquellos nacidos con taras o discapacidades. (Cfr. Darwin, 1871) 

      A la mala suerte de los enfermos y pobres prescripta por Malthus en el Ensayo, Darwin opone esos dos atributos característicos de lo humano: la inteligencia y la moral, que junto a la educación permiten alcanzar reconocimiento; pese a que la naturaleza haya condenado con otras disposiciones.   La habilidad y el talento con que nace una persona pueden representarle ciertas ventajas, aunque esté condenada a la pobreza a causa de la división del trabajo (Cfr. Darwin, 1871:131).  El principio de selección no es inalterable, el hombre guiado por la moral, la cultura y el altruismo, ha logrado modificarlo y cambiar la vida de los individuos con menores habilidades.  Según Darwin (1871) entre los seres vivos, el humano es el único que persiste en conservar y facilitar la reproducción de los individuos con discapacidades y/o minusvalías, a riesgo de la supervivencia social.  En las especies inferiores no hay dilema que impida el sacrificio de los lisiados, los pueblos “salvajes” actúan igual; sólo las comunidades civilizadas, donde la moral ha evolucionado al tiempo que las facultades intelectuales, preservan a los enfermos e idiotas impidiendo la marcha natural de la selección.

     La moral darwiniana se origina en los instintos sociales[3] que comparte el hombre con otras especies, y es resultado de tres dimensiones: “la capacidad para formular juicios morales, el motivo específico del sentido del deber y el remordimiento que se deriva de realizar una acción contraria al sentido del deber" (Velásquez, 2003:90); sin embargo, estas dimensiones abren el dilema entorno a si el hombre actúa moralmente porque reconoce y  reflexiona sobre sus motivos, o si discierne sobre dichos motivos porque tiene un sentido moral (ídem, 88).   Para nosotros el debate se cierra con esta pregunta: si la selección natural no tiene una intencionalidad teleológica, y cada ser lucha por su existencia ¿qué importancia puede atribuirse al altruismo o la moral? (Velásquez: 2003).   

     Aunque Darwin no ofrece una respuesta clara a esta cuestión, sí apela a un principio de justicia básico en el cual la moral sirve de puente para conectar las desventajas genéticas y ciertas ventajas sociales, que fundamentalmente se resumen en el derecho a la vida.   Su doctrina no promovía abiertamente la eliminación de los débiles, esa propuesta es difundida por el darwinismo social de Herbert Spencer, de quien proviene la segunda influencia que destaco en el planteamiento del cambio adaptativo.  Spencer es considerado el primer representante del darwinismo social, término que se le imputa, también es suya la expresión "supervivencia del más apto".

     Su teoría de la evolución es anterior a la tesis darwiniana; pero se sirvió de ésta para darle un fundamento científico a su propuesta, hasta le punto de hacer incomprensibles los límites de ambas.  Mientras Darwin refiere la evolución en términos biológicos y recurre al altruismo para explicar el progreso de la conciencia moral y las razones para sostener con vida a los incapacitados; el evolucionismo de Spencer con la “Ley de la supervivencia de las unidades individuales” extrapola el argumento y establece un paralelo entre la sociedad y el mundo natural.  El tipo de sociedad concebida por Spencer se funda sobre ideales de utilidad y eficiencia, y pretende asemejarse a la estructura de los organismos vivos que evolucionan desde formas primitivas simples hacia formas más complejas.  Pero, contrario a ellos, esta sociedad no es un todo, es un agregado de individuos que luchan por alcanzar fines particulares y sin obligaciones mutuas.  

El mandamiento: comerás el pan con el sudor de tu frente es sencillamente una enunciación cristiana de una ley universal de la Naturaleza, y a la que debe la vida su progreso. Por esta ley, una criatura incapaz de bastarse a sí misma debe perecer: la única diferencia es que la ley que en un caso se impone artificialmente, en el otro caso es una necesidad natural. Y, sin embargo, este principio de la religión que la ciencia tan claramente justifica, es el que los cristianos parecen menos dispuestos a aceptar. El sentir general es que el sufrimiento no debía existir y que la sociedad es culpable de que exista" (Spencer, s.f.:28)

     Spencer comparte la visión de Malthus sobre la naturaleza y sus propósitos.  Ambos desestiman el papel del Estado y sus mecanismos de regulación social, atribuyen importancia primordial al agenciamiento privado, y reducen a sus mínimos valores la capacidad humana de actuar frente a las limitaciones naturales, antes bien, estas disposiciones tienen carácter imperativo.  No existe en ellos una perspectiva optimista de progreso como sí aparece en Darwin, para quien la sociedad cobra sentido mediante la razón y el altruismo.  Spencer y Malthus consideran que una sociedad sana debe promover la competencia entre los individuos:

Si se estableciera un tribunal para examinar los derechos de cada individuo, y para determinar si había hecho o no todo lo que podía, y conceder o negar el socorro de acuerdo con el resultado de las averiguaciones realizadas, esto no sería más que una repetición de las leyes inglesas de beneficencia, y destruiría por completo los verdaderos principios de la libertad y la igualdad (Malthus, 1998:287).

     Esta creencia en el progreso, no obstante, acerca a Darwin y Malthus por otros caminos.  En El ensayo sobre el principio de la población, Malthus concibe dos estrategias para enfrentar la masificación y la falta de recursos.  Bajo los nombres “método positivo o represivo” y “método preventivo” expone las recomendaciones que se siguen de su análisis.  Entre los métodos positivos se encuentran los ya señalados factores constrictivos que aumentan el número de muertes: guerras, hambrunas, epidemias, pobreza extrema y trabajo duro; como parte de los preventivos enumera la limitación de los matrimonios, la continencia o la soltería.  Darwin acomodó su teoría a estas reglas y propuso que los débiles, pobres y enfermizos se abstuvieran del matrimonio o en su defecto disminuyeran su prole, pues tienden a reproducirse con mayor facilidad que los sanos.  La reproducción por ley natural debería reservarse a los individuos superiores y ricos por derecho de primogenitura, quienes pueden elegir por esposas mujeres bellas, de buena constitución física e inteligentes.  La existencia de esta clase principal de individuos garantiza el desarrollo de las actividades intelectuales superiores de las que depende, finalmente, el progreso material y moral de la especie.  

     En este mismo sentido, un punto común entre Darwin y el darwinismo de Spencer fue deducir el desarrollo gradual de la sociedad, en la que no todas las personas tendrían el mismo estatus.  Si a cada actor o grupo le corresponde una función dentro del proceso evolutivo, y cada función se corresponde con el orden natural, deben existir personas o grupos ubicados en condición subalterna, aunque lo ideal, si nos atenemos a la selección de los más aptos, sería su desaparición.   Este argumento que Darwin no concluye porque apela al altruismo, justifica el trato diferente y las desigualdades sociales.   El autor no es claro al plantear el modo de conciliar la tendencia evolutiva de suprimir lo menos apto y el imperativo moral de extender la simpatía hacia toda la especie.  

       2. La eugenesia

  Muchas fueron las razones aducidas para prescindir de la población catalogada inferior a nivel moral, físico e intelectual, entre otras, el alto costo que representa su manutención frente al escaso valor de sus vidas.  El argumento de depuración de la especie fue el caballito de batalla de la eugenesia (Buen nacimiento), una doctrina de tendencia racista y xenófoba que apoyada en planteamientos platónicos[5], y en la selección natural, establece la herencia de las características comportamentales, las discapacidades, las aptitudes artísticas, las cualidades fenotípicas y la inteligencia; también es propio de la eugenesia atribuir un sentido moral a la degeneración de las variaciones de los individuos, ocasionadas por cambios en el medio ambiente.  En la actualidad la eugenesia tiene mayor influencia en las investigaciones médicas; su propósito en el área de la salud es modificar los rasgos físicos que son motivo de exclusión y dolor entre quienes los padecen [6].   Aunque la bioética regula los experimentos eugenésicos y los mismos están limitados por la política, prácticas tales como el aborto selectivo, el control de la natalidad, la fecundación in vitro, el diagnóstico prenatal y la esterilización forzada de los enfermos mentales son consideradas prácticas a favor de la eugenesia.  

      La eugenesia o teoría de la superioridad genética es una práctica antigua que ganó fuerza gracias a la introducción del término y su correspondiente definición propuesta por Francis Galton, primo de Darwin y seguidor de su doctrina; quien dice de ella que es “la ciencia que trata de todas las consecuencias que mejoran las cualidades innatas o materias prima de una raza; también aquellas que la pueden desarrollar hasta alcanzar la máxima superioridad”.  Su peculiar perspectiva de esta doctrina lo llevó a considerar que el hombre (blanco, católico y adinerado) es una víctima de los excesos de la naturaleza y que su principal tarea consiste en corregir esos errores. 

     La eugenesia tiene un sentido negativo que propone eliminar a los humanos con taras o discapacidades, y un sentido positivo con el que aspira mejorar la especie al garantizar la descendencia de los individuos prototipo, seleccionándolos artificialmente. Si bien Galton se inscribe en las líneas del darwinismo igual que Spencer hace una lectura sesgada de sus argumentos.  La teoría evolutiva plantea la herencia de los caracteres adquiridos mediante el desarrollo progresivo de estructuras y capacidades de acuerdo con el medio ambiente; contrario a esto, Galton postula que lo propio del hombre y de las razas es ajeno a la intervención de factores culturales y climáticos.  También rechaza que la selección sea gradual y que los cambios sólo actúen a nivel del individuo sin incidir en el mejoramiento de la especie.  Según él lo que es válido para uno vale para su grupo.  

     A finales del siglo XIX las ideas eugenésicas entraron con vigor en Alemania y posteriormente ejercerían una fuerte influencia en la ideología nazi.  Los asesinatos selectivos de judíos y personas en condición de discapacidad se fundamentaron en el temor a la degeneración de la especie y el bajo desarrollo económico de las naciones; a la preocupación por la pureza de la raza se sumó la perspectiva económica de la vida humana, que sólo asignaba valor a una vida digna de ser vivida.  Entre los filósofos, Friedrich Nietzsche, contemporáneo y lector de las obras de Darwin y Galton es considerado precursor de las teorías eugénicas.  Sin embargo, la conexión entre Darwin y Nietzsche se da a otro nivel.  A diferencia de la propuesta central del evolucionista que pondera el progreso y el surgimiento de una raza superior producto de los sucesivos cambios biológicos; Nietzsche rechazaba la lucha por la supervivencia y la creencia en el progreso como punto de llegada. 

     Para el autor alemán la historia no es ascendente, no avanzamos hacia formas de organización social más elevadas, antes bien, identifica un marcado retroceso con respecto a otros períodos de la historia.  De esta involución da testimonio la lucha por la vida: el hombre del siglo XIX es un ser débil de espíritu, temeroso, gregario, cuya única fortaleza está representada en el grupo.   Afirma Nietzsche que producto del azar rara vez ocurre en las sociedades decadentes un prodigio, nace un espíritu fuerte - superhombre - que surge para rechazar el orden establecido.  Estos planteamientos no son propios del autor, se originan en la teoría sofista de la “ley del más fuerte” desarrollada por Calicles y Trasímaco; pero en aspectos como la ponderación del superhombre, y el carácter fisiológico de las virtudes morales, son más cercanos a la sociobiología moderna que reconoce la predisposición natural hacia el egoísmo y la búsqueda del beneficio propio lejos de la clase, la raza y la nación.   Con respecto a Darwin, a Nietzsche le interesó la teoría evolucionista porque ofrece una perspectiva histórica sobre la vida que se ubica en una línea de disertación opuesta a las teorías metafísicas o teleológicas que dominaron en la historia de la filosofía-

     En sus escritos, sin embargo, Nietzsche dejó muchos argumentos que pueden ser leídos a favor de la causa eugenésica.  Su filosofía rechaza la existencia de enfermos y mendigos – parásitos sociales – que amparados en la mediocridad son una sumatoria de fuerzas que pretenden imponerse sobre la voluntad de dominio del superhombre.   En ese sentido, la justicia es represión, es el conjunto de normas que permiten al grupo cohibir las inclinaciones naturales del hombre y el libre ejercicio de su voluntad de vivir guiado por sus propios intereses.  Lo justo para Nietzsche es el individualismo descarnado y su manifestación más certera el hombre que rompe con la moral tradicional y los valores del grupo.  

      3. La sociobiología

     Los desarrollos modernos de la biología y la psicología modificaron sustancialmente la teoría evolucionista.  A finales de la década de los años 70s aparece en escena una nueva corriente denominada neodarwinismo o sociobiología, que tiene en Edward O. Wilson a uno de sus principales representantes.   Según lo planteado por Wilson en el libro fundacional de la disciplina Sociobiology: the new shyntesis (1975), este campo estudia las bases biológicas de la conducta animal.  Dos de las principales contribuciones del neodarwinismo fueron, por un lado, separar la teoría evolutiva de la tradición lamarckiana [7], que se limitaba a considerar exclusivamente la herencia de los caracteres físicos, y, por otro, cambiar el enfoque de la teoría evolutiva; su intención es demostrar que lo importante no es la supervivencia de la especie, sino la preservación de las características del genoma. 

      En sus inicios la sociobiología fue relacionada con la eugenesia y otras teorías racistas; pero, si bien ambas doctrinas plantean el determinismo genético y atribuyen un origen natural a la desigualdad económica (jerarquía del fuerte sobre el débil), se diferencia porque la eugenesia rechaza las leyes sociales, mientras la sociobiología considera la cultura una adaptación biológica no ajena al proceso evolutivo.  En otros aspectos, la sociobiología es reconocida otra forma de darwinismo social que desvirtúa los postulados de Darwin y ofrece respuestas simples a las complejidades de la naturaleza humana.      

     De acuerdo con los sociobiólogos la selección natural no busca conservar las variaciones adaptativas que beneficien a las poblaciones [8], su objetivo, aunque más simple, complejiza los argumentos de la ética y hace insostenibles las respuestas filosóficas a las cuestiones morales, pues postula que la conducta social está determinada por los genes.   “A nivel evolutivo es de esperar que los individuos se comporten como si tuvieran series individualizadas de intereses, porque tienen series individualizadas de genes” (Alexander, 1987:13).  Con este principio “genecéntrico” se cree haber encontrado la respuesta última a la cuestión que interroga por la razón de ser de las acciones humanas. 

      Un fundamento cierto, entonces, es el carácter egoísta de la naturaleza del hombre, que se impone a cualquier imperativo categórico.  Los individuos sólo cobran importancia en la medida que son vehículos diseñados por los genes para la preservación de sí mismos, este es el propósito último de la existencia: transmitir información de una generación a otra (Dawkins, 1993).  Ello es así porque el universo opera a partir de elementos estables y en este proceso el genoma es el único factor con estas características en un conjunto de cosas que tienen por principio la variación o el cambio. 

     En esa misma línea argumentativa, el gen es el único sujeto cierto, toda construcción epistemológica y todas las cosmovisiones son artilugios para hacer sostenible el mundo.  En el centro de este juego de creación que presenta la sociobiología está el viejo debate entre naturaleza y cultura.  Para los sociobiólogos la cultura es un tipo de adaptación, propio del medio ambiente en que vivimos, que ha evolucionado al igual que otros aspectos humanos (Dawkins, 1993).  Lo natural y lo cultural no son dos perspectivas excluyentes, no somos humanos porque tomemos distancia de la naturaleza, al contrario, esta errónea creencia pone en vilo la conservación de la especie.  Nos hace humanos la forma como la cultura, un patrimonio histórico heredado mediante aprendizaje, ha logrado modificar la genética.   Este cambio de perspectiva con respecto a la naturaleza da cuenta de la fuerza que en las últimas décadas ha ganado el eugenismo, al proponer el rediseño de la genética humana; no ocurre igual con las estructuras culturales de exclusión y racismo que se mantienen intactas al pasar de los siglos.   

     El debate sobre la selección natural y sus consecuencias se realiza ahora en el campo de la cultura y a través de posturas divergentes: Wilson (1980) insisten en la relación indisoluble entre lo natural y lo cultural, Alexander (1987) se pregunta si es posible que los cambios culturales lleguen a ser independientes de la estructura genética; Ruse (2005) presenta un enfoque más conciliador hacia los elementos favorables del altruismo y la adaptaciones sociales desarrolladas con la evolución y Dawkins (1993) toma distancia de la sociobiología al asignar mayor preminencia a la cultura.  No la concibe un resultado más del medio ambiente, sino un elemento diferenciador de nuestra naturaleza con respecto a los animales, hasta el punto de modificar nuestros cerebros dando lugar a la creación de una nueva clase de replicadores, los memes, que reemplazarían a los genes como las unidades básicas de información, a nivel cerebral.  El término “meme” (“cromosoma cultural”) proviene de Meníme = memoria y fue acuñado por Dawkins: la música, las teorías, las modas, las creencias, las técnicas y las costumbres acumuladas por una cultura son ejemplos de memes que luchan por dominar a sus contenedores.
            
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[1]   Estas drásticas predicciones fueron modificadas por Malthus en las últimas ediciones del Ensayo sobre los principios de la población

[2]   El pensamiento de Malthus también fue respaldado por economistas como John Stuart Mill y John Maynard Keynes, que abogaron por reducir las poblaciones pobres a fín de garantizar un mejor salario para los trabajadores.  Una preocupación similar expuso el FMI en su informe anual sobre Estabilidad financiera mundial del año 2012, en el que alerta sobre las desventajas económicas que representa un aumento en la longevidad: "A medida que las poblaciones envejezcan en las próximas décadas, consumirán un porcentaje creciente de recursos, ejerciendo presión sobre los balances públicos y privados.  Es importante que las entidades que ofrecen pensiones puedan actuar con flexibilidad: si no es posible incrementar las contribuciones o subir la edad de jubilación, posiblemente haya que recortar las prestaciones."

[3]  Darwin distingue dos tipos de instintos: naturales y sociales.  Los primeros corresponden al deseo de supervivencia, al amor materno - filial y el amor sexual, instintos que no precisan aprendizaje ni experiencia.  Los sociales,  entre los que incluye el amor paterno filial, los sentimientos compasivos, la obediencia a un líder, la fidelidad a un grupo y el deseo de elogio y la aversión a la crítica, permiten el desarrollo de la vida comunitaria.

[4]   Al respecto, Ruse (2005) señala que el ser humano ha sido programado con un sentido moral que se manifiesta como inclinación al altruismo y la obediencia.  La moral es la capacidad de trabajar colectivamente y discernir entre lo que resulta correcto o incorrecto a favor del beneficio propio.  En este ámbito la noción de justicia no tiene cabida porque lo moral responde al sentido común y no a un sistema filosófico estructurado en torno al deber ser.

[5]    Platón en el Gorgias (1988) afirma que los hijos heredan las cualidades de sus progenitores y que es dado esperar que la prole de una clase superior tenga sus mismas características.  A diferencia de Malthus y Galtón, asigna menos importancia a la familia y da un sentido distinto al azar de la naturaleza.  Pero al igual que ellos delega en los más aptos el ejercicio del poder.

[6]   Esta pretensión es objeto de un fuerte debate en torno a sí la justicia debe satisfacer las demandas de igualdad de quienes presenten anomalías genéticas, en términos de facilitar los medios para realizar las intervenciones quirúrgicas que subsanen las deficiencias.  A este respecto, Judith Sklar establece que uno de los principales problemas de las teorías de la justicia es no saber precisar la distinción entre lo injusto y lo desafortunado (Cfr. Sklar, 2010)

[7]     En la teoría del cambio Darwin acogió la tesis evolucionista de Jean Baptiste Lamarck, padre de la biología.  Lamarck afirmó que los seres vivos heredan los caracteres adquiridos por sus progenitores a lo largo de su existencia y que estos, a su vez, los heredaron de sus padres en un desarrollo progresivo de estructuras y capacidades.  Las diferentes modificaciones fenotípicas se transmitirían en función del uso o desuso de las partes y de acuerdo con las condiciones ambientales.  Las leyes básicas de la herencia de Gregor Mendel echaron por tierra estas premisas.

[8]    “Lo que la selección natural maximiza es la supervivencia por reproducción del gen, tal como lo han definido los evolucionistas, y que  ello  incluye los efectos en las copias genéticas, aun cuando esas copias se localicen en otros individuos.  Dicho en otras palabras, la selección no opera favoreciendo directamente la supervivencia a largo plazo de los individuos, ni el bienestar y supervivencia de las poblaciones o las especies a expensas de los individuos.  Y cuando así ocurre, como resultado de interacciones sociales o por otras razones, o bien se trata de una consecuencia imprevista del proceso evolutivo, o bien se presenta al margen de tales consecuencias”. (Alexander, 1987:XII).

   

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