El hombre sin destino


Imagen de Pexels en Pixabay



El destino de un hombre
toca a la puerta una mañana.
Viene de lejos;
ha recorrido medio mundo
hasta encontrarlo.
Trae los pies llagados, tiene frío.
El hombre conmovido por el gesto,
franquea el paso.
El  destino se deja acompañar
hasta el centro de la estancia,
y, en agradecimiento,
ofrenda sus manos vacías.



¡Libertad... para pensar!

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