María Cárdenas Roa (seudónimo Luz Stella) (1899-1969)
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María Cárdenas Roa - Luz Stella, escritora colombiana |
Luz Stella Cárdenas, conocida con el seudónimo de Luz Stella, nació en Ibagué en 1900. Hija de Plácido Cárdenas, destacado en su comunidad, y alumna del Colegio de la Presentación, desde joven mostró un talento innato para la escritura. Se especializó en la producción de literatura infantil, donde dejó un legado perdurable.
Logros y Reconocimientos
A lo largo de su carrera, Luz Stella obtuvo numerosos premios y reconocimientos por su obra literaria. Ganó el primer premio en los Juegos Florales de Sonsón en 1923 y el primer premio en el Concurso Cuarto Centenario de Bogotá en 1938 con su poema "Canto a Jiménez de Quesada". También fue galardonada en el Concurso Nacional de Radionovela Coltejer en 1957 con "El río que llora".
Obras Destacadas
Luz Stella incursionó en diversos géneros literarios, dejando una huella significativa en cada uno:
Novela: Entre sus novelas más conocidas se encuentran "Los celos del río", "El río que llora", "La llamarada", "Pétalos", "Niña en ausencia", "El amor de Jaime Ridal", "Sin el calor del nido" y "La estatua".
Cuento: Es autora de una amplia variedad de cuentos infantiles, entre ellos "El pollito valiente", "Astucias de Mickey Mouse", "La balada de los ojos azules", "La estrella de la princesita Milka", "La leyenda de Miosotis", "Reinecita de las piedras preciosas", "Historia del conejo imprudente", "Había una vez", "El hombre que pescó una sirena", "Historia de una doliente navidad" y "De la vida".
Poesía: Publicó varios libros de poesía infantil, incluyendo "Rincón infantil", "La canción bajo los cámbulos", "Viaje de canción por el Tolima" y "La ronda iluminada".
Teatro: Escribió diversas obras de teatro destinadas al público infantil, como "Juguetes cómicos", "Comedia folclórica", "¡Qué bodas de plata!", "El congreso de los ratones", "Comedia sanjuanera", "Ambalá", "El milagro" y "La conspiradora".
Legado
La ignorada inquietud
Me besaste en los labios,
y en mi sér hay incendio.
Y soy, toda, una flor que se entreabre…
y no sé si es que vivo o que muero.
¡Oh el sortílego encanto
de tu beso primero!
Si te vas, mi fe ciega te aguarda;
Y si cierro los ojos, te veo!
¡Ven!- te grita mi alma.
¡Ven!- te grita mi cuerpo.
Y es mi alma joyel de ternuras,
Y en mi cuerpo… rosal de deseos.
Se encabrita mi orgullo
Si aire asumes de dueño;
mas… te sigo, te sigo, te sigo.
yo no sé si al infierno o al cielo…
¡Oh el sortílego encanto
de tu beso primero.
(Luz Stella, 1928:1)
Poemario A la orilla del nunca
La noche.
Y tú en la noche
como una sombra vaga
colmada de silencio.
De frialdad.
Tus pasos por la calle,
hecha intérmina
al son de tus pisadas.
Jaime:
¿Dónde vas?
Tú mismo no lo sabes.
De cuando me dijiste
no sé discernir la verdad.
Eras, como la noche,
una incógnita
que quiero descifrar.
¿Para qué?
Por jugar...
Hastio
A Germán Pardo García
¡Quién pudiera calmar
este férvido anhelo de amar,
de odiar, de saber!...
¡Quién pudiera escapar
de la vida a la red
cual se puede trizar un cristal.
¡Quién lograra saciar
toda sed!
(Para luego mirar
con un gentil desdén
cuanto es dado a los hombres ansiar;
el mal, el bien).
!Quién pudiera besar
unos labios en flor, y gozar...
para luego olvidar,
al besar otros labios,
el ansiado y fragante dulzor.
¡Quién lograra a la vida quitar
su agridulce sabor!
¡Quién supiera del alma borrar
toda pasión de ayer!
El mismo presente gozar
sin después recordar el placer...
¡Quién pudiera aprender a olvidar!
Mas como es imposible vencer
a la vida y vivir sin sufrir,
¡Quien pudiera morir,
y gustar la alegría del "no ser"!
¡Quién lograra asfixiar el sentir!
1927
Duérmete mi niño
En mi tierra natal
hay uuna canción de cuna
que cantan todas las madres
con entrañable ternura.
Lo dijo Alberto Castilla
y no se olvidará nunca.
Se cantará en el Tolima
con voces de alta dulzura,
mientras el Combeima diga
su madrigal a la luna,
y en los cámbulos los nidos
sienten que alguien los arrulla...
-Duérmete niño
duérmete ya
que viene el coquito
y te comerá.
Estampa del Magdalena
Rueda y rueda el turbio río,
rueda y rueda sin cesar.
Lo apretigian sus leyendas,
el bohio y el champán,
la arboleda misteriosa,
las orquideas y el palmar.
Y en las noches de plenilunio,
cuando aparece el -Mohán-
buscando lindas doncellas
para su lecho nupcial,
la luna y el río se besa
a la sombra de un samán.
Y en las chozas de la orilla
surge el doliente cantar:
-Qué grande que viene el río!..
Qué grande que va la mar!
Si lo aumenta el llanto mío,
cómo grande no ha de estar?
Emoción de San Juan
En la madrugada, gritos
que dicen: San Juan! San Juan!
Es el Tolima que implora
a su santo tutelas.
Al río bajan las mozas
por entre el arrayanal.
La luna sueña en sus ojos
y no quiere despertar.
Ya llegaron a la orilla,
y a la sombra del guadual
se van desnudando todas
para la ablución ritual.
Aromas de carne nueva
le brindan a un gualanday
que las mira condicioso
como un fauno vegetal.
El remanso las espera
con temblores de ansiedad.
Gritos. Risitas nerviosas.
-Uy! Qué fría el agua está!
Por la verda cercana
se oyen caballos pasar.
Son ellos! Van a bañarse
al pozo del Naranjal!
En el grupo de los mozos
la copla surge sensual:
-Morena que vas al río
la mañana de San Juan:
quién fuera tu chinguecito
para poderte abrazar!
(Su estridente partitura
empieza el gallo a solfar).
Ya abandonaron los mozos
el charco del "Naranjal".
Van a lo largo del río
de sus potros al trotar.
(Con los ojos del remanso
llora el río su soledad).
Ya se alejan los jinetes
camino del Espinal.
Y como alta bandera
enardecida y triunfal,
queda tras ellos el eco
que repite: Hiii San Juan!
Poema del amor cruel
Amor, travieso amor,
diosecillo voluble y juguetón:
¡Como destrozas todos tus juguetes!
¿Qué es eso que destrozas
con bárbara alegría?
¿Qué es?
Un corazón...
Mira cómo es bonito
y rojo y blando y tibio...
Palpita entre mi mano
con un temblor liviano,
con tic-tac de reloj.
Tiembla muy levemente
como el pichón de alondra
que una tarde estival
cogí traidoramente
tras la maraña fresca del rosal.
Es, quizás, un capullo,
el más viejo capullo
primaveral...
Oye, yo quiero
saber qué hay aquí dentro
prisionero...
(Y las crueles, perversas manecitas,
con sádica fruición,
solo por ver
qué había dentro
destrozaron un día
un corazón...)
Tomado de: http://ibagueenflor.blogspot.com/2012/10/luz-stella-la-cigarra-lirica-del-tolima.html
¡Libertad... para pensar!
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