Agripina Samper Agudelo de Ancizar (1833-1892)

Escritoras colombianas, Dominio público, Agripina Samper, Mujeres escritoras del siglo XIX,
Agripina Samper, escritora colombiana


El sauce (1859)

Cual con blando movimiento
Los sauces se balancean,
I sus hojas juguetean
Ajitadas por el viento;
Cuando del sol los reflejos
De oro límpido, bermejos
En el oriente a lo lejos
Descuelgan su pabellón,
Dulcemente enardecidas
Mis ilusiones queridas,
Por el recuerdo mecidas,
Ajitan mi corazon.

Cuando en la noche callada,
Mústio sauce, yo te miro,
Un prolongado suspiro
Le doi al viento angustiada;
Que eres tú, sombra querida,
Remedo fiel de mi vida
Pálida, descolorida,
Llena de duelo i pesar:
Por eso al verte doliente,
De lágrimas un torrente
Siento, ajitado i ardiente,
Por mi mejilla surcar.

Sáuce mudo, silencioso,
Que vejetas infelice,
¿El cielo no te predice
Algún porvenir dichoso?
Has de apurar noche i dia
Tu negra melancolía,
Sin que hermosa te sonría
Jamas la esperanza, dí?
Has de ver, cual yo, los años
Unos tras otros uraños
Pasar, solo desengaños
Dejándote en pos de sí?

¿Por qué lánguido de quejas,
Si la juguetona brisa
Al rozarte inquieta riza
Tus tembladoras guedejas?
Tal vez la grata memoria
De alguna escondida historia
Guardas tú…. Sueños de gloria
De otro tiempo que pasó!….
I murmura misterioso,
Entre tu ramaje umbroso
Un acento quejumbroso
Como eco de un triste ¡adios!..

Eco dulce que en mi oído,
Al recojerlo vibrante,
De emociones palpitante
Mi corazon he sentido.
¡Ai! cuán trémulo se exhala,
I blandamente en el ala
Del aura sutil resbala
Que besa mi ardiente sien!
Yo, al escucharlo entre tanto,
Entono mi triste canto,
Que entre suspiros i llanto
Un eco vuelve tambien.

Cuando de la blanca luna
La lumbre que se derrama,
Se cierne de rama en rama,
Poblándolas una a una;
Cuando en silencio profundo
Duerme fatigado el mundo,
En tanto que furibundo
Léjos ruje el aquilon:
Cuánta dulce poesía,
Cuánta célica armonía,
Revelan al alma mía,
Magnífica otra mansion!

Hai en la noche tranquila,
De natura en el reposo,
Un no sé qué misterioso,
Como un jenio que vijila.
I entre tu suelto ramaje,
I en tu menudo follaje,
Suena un místico lenguaje
Que hace mi alma conmover.
Ah! si espresar elocuente
Pudiera entónces mi mente,
Todo cuanto sueña ardiente
Mi corazon de mujer!....

Tú, que mudo me contemplas,
Sauce, tú acaso me entiendes,
Sí; tú solo me comprendes,
Tú, que mi tristeza templas….
El tiempo vuela encesante;
Quizá no esté mui distante
De mi fin el crudo instante;
Ese instante de dolor
En que el alma se depura,
Deja la materia impura,
I en su esplendente hermosura
Se remonta ácia el Señor!

Cuando una losa olvidada
Cubra mi escondido osario,
Vé tú, sauce solitario,
Vela mi postrer morada.
Recoje tú mi memoria,
Guarda fiel la triste historia
De mi vida transitoria,
De mi continuo soñar.
Guarda mi nombre escondido,
I no del viento al silbido,
Ni del zéfiro al jemido
Se lo vayas a confiar….

Mas, puede que llegue un dia,
En que piadoso viviente,
Derrame llanto ferviente,
Sobre mi lápida fria:
Entónces, si silencioso,
Conteniendo su sollozo,
Con ademan lastimoso
Alza tu mirada a ti;
De su pena condolido,
Con acento conmovido,
Lanza un lánguido jemido
Que le responda por mí.

Agosto, 1853— Pía Rigan, seudónimo de Agripina Samper

Fuente: Samper de Ancízar, Agripina. (1859). “El Sauce”. El Mosaico, I, N° 25, pp. 197-198.

Parábola en Contestación

Tiene tus ramas, árbol solitario,
I ofrece abrigo a la temblante flor:
Ella escuchó tu acento apesarado,
I eco en su seno tu pesar halló.

Solitaria esa flor languidecia
Olvidada en estéril arenal:
De hoi mas, árbol, tu sombra bendecida
Su tallo sin vigor reanimará.

¡Ai! Es tan dulce amar: ¿Cómo pudiera,
Al oír modulandose tu voz
Como el arroyo que entre helechos rueda,
No palpitar amante el corazon?

Yo tambien amo; i mi amor es tranquilo
Como la onda que rodando va,
De otra onda a juntarse a vago jiro
Para en dos ondas a la par rodar…..

Amo en secreto; i mi amor es por eso,
Grato como el ensueño que al pasar
Deja de dicha el corazon repleto,
Deja en el alma dulce vaguedad:

Como la nube que los vientos llevan
En su rápido soplo a otra rejion,
Así se lanza i vaporoso vuela
Por buscar otra atmósfera, tu amor.

Tiende tus ramas, árbol pesaroso;
Porque tal vez huyendo al huracan,
Suba la vid, en torno de tu tronco
Sus débiles sarmientos a enlazar…..

Árbol, cerca de ti yo me embeleso
Si de la tarde a la indecisa luz
Escucho suspirar….. acaso el zéfiro
Que reanima tambien mi juventud.

Ah! Su soplo fugaz, vivificante,
Una tarde suavísimo sentí!
Murmuraba sutil, en su lenguaje,
Un soñado tranquilo provenir.

No, nada temo. Tus halagos puros
Yo con ternura igual devolveré.
Si tu amor mas que osado es ántes mudo,
Si consuela i anima, ¿qué temer?

No temo: i si en el resto de mi vida
Mi perfume pudiese conservar,
¡Ai! con cuánto placer lo exhalaría
Porque fuese tu aliento a perfumar!

Árbol, cuando en la tarde silenciosa
Bajo tu sombra vuelva a reposar,
A ti alzaré mi pálida corola,
I tu rostro mi tallo enlazará…..

Pía Rigan, 1856 (Seudónimo de Agripina Samper de Ancízar (1831-1894))

A la Señorita Agripina Montes

¡Salud i prez a tí, mi nueva amiga!
Ya que desde tu albergue retirado
Me haces oir tu canto entusiasmado,
Oye tambien mi voz
La voz de la amistad que te consagra
De hoi mas mi alma, de la tuya ufana
Que nos une el afecto, i nos hermana,
Mas que el nombre, la duce inspiracion.

Colgada en el altar del himeneo,
La lira en que entonaba mis cantares,
Ni suspira como ántes, de “pesares”,
Ni se entristece ya.
Los últimos sonidos que vibraron
En la cuerda sutil del sentimiento,
Fueron notas por mí dadas al viento
Cuando pude cantar “felizidad.”

Enmudecida estaba, i conmovióse
Con los acentos de tu voz canora,
Que dulcemente canta o triste llora
Cuando inspirada está.
No de otro modo su cancion ensaya,
Al caer de la tarde, en la llanura,
Ni con mas espresion, ni mas ternura,
La jemidora, tímida torcaz.

Mas ¿qué dice ese canto lastimero?
¿Qué es lo que bulle en tu ajitada mente?
¿Qué es lo que anhela tu alma? Dí ¿qué siente
Tu altivo corazon?
Ah! lo comprendo. En el bullicio inquieto,
En el turbion falaz que llaman mundo,
Proscrito el vate, lanza jemebundo
Quejas que el viento apaga con su voz.

Por eso se remonta al infinito;
Por eso, en delicioso arrobamiento,
Libre deja volar el pensamiento
En alas de la fe.
I olvidado del mundo i sus miserias
I embebecido en su ideal, lo bello,
Canta el amor, magnífico destello
De Aquel que es la razon de todo bien!

Qué! Tú que apénas los primeros pasos
Vas contando en la senda de la vida;
Tú, en la edad juvenil, edad florida,
Presientes ya el dolor?….
No! Que la brisa del pesar no azote
Nunca tus sienes, cándida paloma;
Flor que exhalas purísimo tu aroma
De la selva en el vírjen corazon.

Mas oye, amiga: graba en la memoria
Lo que zelosa de tu bien te advierto:
Sabe que es la virtud “cerrado huerto,”
“Fuente sellada es: “
Guárdala cual riquísimo tesoro;
Que en los críticos trances de la vida
Ella sea tu áncora, tu ejida,
De tu existencia el único sosten.

I rie i canta; i si la lira pulsas
Témplala y ponla en delicado tono,
Sin prestar a tu voz pena ni encono
I gozosa verás
Que, rica en sentimiento i melodía,
Conmoverá los tiernos corazones,
Despertando calladas emociones
En lo intimo de ellos al vibrar.

Adios, i no me olvides. En la tarde,
A la temblante luz del sol poniente,
Si una grata ilusión cruza tu mente,
Acuérdate de mi;
I en la noche tambien, cuando tu espíritu
Alze sus alas fatigado al cielo,
Buscando amparo, séate un consuelo
Mi amistad, si algo vale para tí.

Pía Rigan, seudónimo de Agripina Samper, 1863

Fuente: Samper de Ancízar, Agripina. (1864). “A la señorita Agripina Montes”. El Mosaico, III, N° 9, pp. 68.

Ensueño y realidad

Alguna vez, en apartado tiempo,
Soñé, de un encantado paraiso
Ser la Eva feliz, i que Dios quiso
Por completar mi eden darme un Adan.
Era en la edad fugaz en que, riente,
La mujer solo ve color de rosa,
Cuando como la incauta mariposa
Tras la luz del amor volando va.

Corriéronse despues algunos años,
Alternando las penas i el contento,
Como vemos en breve momento
Negras nubes toldar la faz del sol;
I siempre el mismo nacarado sueño
Consuelo en el dolor prestaba al alma:
Así, despues del huracan, la calma
Vuelve su brillo a la abatida flor.

¿Mas, para qué traer al pensamiento
Lo que pasó?.... Ya no el delirio ardiente
Basta a mi corazon; solo el presente,
Solo mi venturosa realidad:
I esa eres tú. Quién me dijera entónces
(Secretos de la suerte), caro amigo,
Que mi vago soñar era contigo,
Que eras tú de mi misma la mitad?

Que de aquel mi soñado paraiso
Las flores de suavísimo perfume,
Segun lo que mi mente ora presume,
Fuesen Roberto, Pablo, Jorje, Inés?
I todo del enigma o símil bello,
Del grato ensueño de color de oro
Fuese mi preciadísimo tesoro,
El amor conyugal? Pues eso es.

Pía Rigan, seudónimo de Agripina Samper,1863

Fuente: Samper de Ancízar, Agripina. (1864). “Ensueño i realidad”. El Mosaico, III, N° 17, pp. 132.

El suelo natal

Tú que los campos bullicioso alegras
Céfiro suave, a cuyo soplo leve
Su tupido ramaje el árbol mueve
O se entreabre la modesta flor,
Desde los sotos donde inquieto habitas
Ven i resbala en mi marchita frente,
Que há tiempo ya que tu frescor no siente
Ni al murmurio se aduerme de tu voz.
Ven i despierta quedo en la memoria,
Grato el recuerdo de la edad primera,
Del bosque do se mece la palmera
Donde el toche modula su cancion.
Traspórtese contigo el pensamiento
Al fértil valle del nativo suelo,
I la sombra del mango i del ciruelo
Venga otra vez la muerta inspiracion.
Ah! Ya aspiro el aroma delicioso
Del naranjo i del fresco chirimoyo,
Ya sentada en el borde del arroyo
Me embelesa la flor del arisá.
Todo es animacion: risueña i plácida
A mis ojos osténtase natura;
A lo léjos del jobo allá en la altura
Los papagayos oigo picotear.
Quién me diera pintar del caro suelo
Donde pasé mi infancia sin afanes,
Los lindos bosquecillos de arrayanes
Asilo de la liebre i las torcaz;
Las sabanetas de mullida grama
Do las perdices pian en sus nidos;
Los altos cerros de verdor vestidos
Que el Magdalena acariciando va;
Sus viejos cocoteros i sus cauchos
Cuya sombra cobija sus ruinas;
Sus bullidoras aguas cristalinas
De limpio lecho que se deja ver;
Los blanquecinos grupos de estoraque,
En cuyas ramas perfumadas brilla
La negra i aromática vainilla
Por disputarles el olor tal vez.
De la cerrada selva en la espesura
Yo en un tiempo gozosa me perdia,
I entre las breñas escuchar solia
La áspera i honda queja del paují.
Bajo la ceiba umbrosa de tus montes
Zumba el alado insecto, el ave canta,
I el presto ciervo a quien su sombra espanta
Libre i seguro se contempla allí.
¿Dónde estais, mis graciosas compañeras
De otros dias poéticos i bellos,
Flores con que adornaba mis cabellos,
Gala del campo, lujo del jardin?
El balsámico nardo, la azucena,
Las mosquetas, diamelas, clavellinas
Las buenas tardes blancas, purpurinas,
I el menudo i arábigo jazmin?
Yo sé dónde florece cada una,
I a cada cual le guardo un pensamiento;
Donde el convólvulo abre temulento,
Los lirios y cortejos dónde hallar?
Sé dónde brota oculta la consuelda,
Dónde estiende su red la pasionaria,
I a la amarilla i roja sanguinaria
Un recuerdo tambien le guardo acá.
Tú entre las flores de la flora hondana
No eres la menor bella, siempreviva,
Ni tú la ménos casta, sensitiva,
Que un tenue roce te hace contraer.
Ni ocupas tú tampoco en mi memoria
El último lugar, nordio oloroso,
Guardian de las ruinas, cariñoso,
Del alhelí jemelo por lo fiel.
Frescos están aún del patrio nido
Los recuerdos acá en mi pensamiento;
Cual su tesoro guarda el avariento,
Cuidadoso los guarda el corazon.
I hasta las dulces sazonadas frutas
Que brota en profusion su suelo ardiente,
Con su grato sabor ni labio siente,
Tal es de los sentidos la ilusion.
¿Qué le falta al honrado campesino
Bajo la choza que labró su mano,
Si le brinda sus frutos el banano,
Si cobija sus techos el bambú?
Una rústica hamaca suspendida
Bajo el copado tamarindo añoso,
Ese es su lecho, el cortinaje undoso
Las verdes llanas son, i el cielo azul.
El hacha, compañera de trabajo,
Le devuelve placeres por sudores,
I si lo agobia el sol con sus ardores
El jugoso melon calma su sed.
La dulce piña, el delicioso níspero
La esquisita ciruela i la sandía,
Los zapotes i anones, a porfia
Sus manjares le ofrecen a escoger,
Oh quieta i nunca bien cantada vida
Del campo i sus placeres regalados;
Es solo en tus rincones ignorados
Que halla el hombre por fin sosiego i paz;
Allí donde no llegan los rumores
Del mundo i de sus hórridas pasiones,
Solo se oye en los altos higuerones
El viento entre las hojas susurrar……..
Silencio i soledad por todas partes
Que santa uncion derraman en el alma
I dan al corazon la dulce calma
Que en la inquieta ciudad no halló tal vez,
Esa es la sola dicha que en la tierra
Se deja saborear sin amarguras:
Puedan en sus placeres i dulzuras
Los días acabar de mi vejez!

Pía Rigan, seudónimo de Agripina Samper, 1864

Fuente: Samper de Ancízar, Agripina. (1864). “El suelo natal”. El Mosaico, III, N° 20, pp. 157-158.

A Rosa


¿Quién eres, dónde habitas,
flor misteriosa,
que como la violeta
buscas la sombra?
Solo adivino tu aroma delicado,
sin percibirlo;

como en las verdes ramas
del tamarindo,
por las menudas hojas
aunque escondido,
si canta el toche,
las dulcísimas notas 
distintas se oyen.

¿Quién inspira tus cantos,
tierna avecilla,
o de que fuentes bebes
tus melodías,
que me deleitan
como el grato perfume
de la verbena?

Como sobre tu tallo
tiembla la espiga,
cuando la agita el soplo
de inquieta brisa;
así, se afecta
mi corazón sensible
con tus endechas.

¿Dices que son tus flores
flores silvestre?
Si que lo son: lo dice
lo que trascienden,
porque en la selva 
es donde más se esconde
la rica esencia.

Todo lo que es agreste
me toca el alma,
como el amante arrullo
de la torcaza
bajo los mirtos,
cuando al cerrar la noche
busca su nido.

Y si mis bellos bosques
tú conocieras,
donde lozanas crecen
palmas y ceibas,
¡Encontrarías
tan poéticos temas
para tu lira!

Bajo los pabellones
de enredaderas,
donde los tominejos
revolotean,
la miel fragante
extrayendo a las flores
de entre sus cálices,

¡Qué bien se siente el alma!
¡Cuánto se goza!
¡Como transcurre el tiempo
hora tras hora
mientras se olvidan
del mundo las miserias
y las fatigas!

Sigue cantando, rosa,
canta y celebra
todo lo que es cantable:
virtud, belleza,
las maravillas
de Dios, que nos confunden
y nos humillan.

En el conjunto vasto
del universo,
cada ser, cada cosa
llena su on¿bjeto:
el sol alumbra,
y su luz la refleja,
suave, la luna;

cantan los pajarillos
zumba el insecto,
y murmuran las aguas,
y gime el viento;
la flor encanta;
lucha y domina el hombre;
la mujer ama.

Pero en ti se revelan
múltiples dotes:
susurras, cantas, gimes
en tus canciones!
Pues que tus cantos
tanta riqueza brindan,
sigue cantando.


Bibliografía

Agripina Samper de Ancízar (1831-1894), escritora bogotana cercana a la ideología liberal. Esposa de Manuel Ancízar (Más información en Carolina Alzate (2017), “Disciplinando cuerpos y escritura. Agripina Samper sobre George Sand, las mujeres y la literatura (1871)”, Anclajes, vol. 21, n. 3, disponible en: http://www.scielo. org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-46692017000300002).

 

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