Blanca Ortiz de Sánchez Montenegro (1908-1977)

Blanca de Sánchez Montenegro,Escritoras colombianas,Mujeres escritoras del siglo XX,Derechos  reservados,
 

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Acuarelas de Tumaco


Al compás de sus canaletes
los marineros de mi mar,
lobos marinos o grumetes,
siempre golpean su cantar.

Mientras el agua chapotea,
el brazo de bronce flexible
hiende la onda como brea
y salta un canto indefinible.

"El Morro sus crestas dibuja
en el azul de azul turquí.
"El Viudo" su dolor embruja.
Su soledad llega hasta mí.

Y cuando mi barca atraviesa
el archo de roca granítica,
finjo vivir en una mítica
edad de exótica belleza.

Y "La Florida" nos convida
a descansar, cantar y soñar.
La dulce isla está partida.
El mar la quiere conquistar.

A lo lejos se ven las velas
- juguetes pequeños del mar -
que se complacen en rayar
el dorso con albas estelas.

Un mástil irrumpe atrevido
entre la bruma del confín.
¿Una esperanza habrá venido
a nuestro viviente jardín?

Hay fiesta en el muelle del puerto.
Los marineros de amor remoto
saltan a tierra con incierto
andar.  Su mirar es ignoto.

Y bajo la abierta camisa,
el pecho se ve con tatuajes.
Buscando van una sonrisa
entre los cómplices boscajes.

Mas suena otra vez la sirena.
Los marineros ya se van.
Sólo se ven sobre la arena
huellas de pies. Otros vendrán.

Las muchachas tienden la vista
al horizonte.  un poco de humo
y acre sabor queda a lo sumo
del barco.  El amor se contrista.

Pero a veces llega el amor
el buen amor hasta la playa.
Para entonces la isla ensaya
su traje y su canto mejor.

Los naranjos visten azahares
y la montaña, primavera.
Las ninfas con bellos ajuares
con sus terrigenos cantares
trenzan danzas en la ribera.

¡Sirenas de canto pretérito!
Quien las escucha, el tiempo olvida,
porque tiene su ritmo el mérito
de hacer un remanso en la vida.

¡Romántica isla sonora!
Tamarindo y almendro en flor.
Bambuco, marimba que llora.
Raza morena, soñadora,
fundida en bronce y en valor:

El oro en tus ríos se fragua;
y para que el bosque resalte,
extiende su esmalte la tagua,
se exalta el orgullo del gualte
y el roble sueña en ser piragua.


La garza del Valle


A doña Mayita de Samper Ortega

Como un interrogante pensativo,
que al mismo tiempo admiración fingiera,
está la garza junto a la palmera,
a la orilla del Cauca fugitivo.

Sueña tal vez en el azul cautivo,
del horizonte entre la luz postreta,
y con silencio en el dolor macera
su blanco talle de plumaje vivo.

Bajo el cámbulo esbelto del paisaje,
la beatitud serena de su traje
brinda paz al espíritu inclemente.

El me enseñó la misteriosa clave:
la garza es un olvido que no sabe
o no quiere morir completamente.


Costaneras


A doña Adelaida de Nieto Caballero

Canto lejano de la marimba,
donde la raza morena llora,
en donde el negro con su marimba
hoja por hoja su alma desflora.

Suena el cununo al comás ronco
del puño sobre la piel extraña.
Entonces brota del hueco tronco
la queja intensa de la montaña.

Salta el moreno de talle esbelto,
sobre tapices de tierra negra;
y su sonrisa de coco alegra
las contorsiones del baile suelto.

Entonces surge la compañera.
Qué movimientos del busto duro.
Qué contorsiones de la cadera.
Y ¡qué luz brota del cuerpo oscuro!

Sigue la fiebre de los cantares,
con desafíos de ardiente verso,
bajo la sombra de los palmares,
que es un oasis del clima adverso.

El bunde sigue como un delirio,
trenzando siempre sus convulsiones,
al son huraño de esas canciones,
que son al mismo tiempo, martirio.

Llega la ronda.  Tienden los brazos.
Se forman arcos de ébano vivo;
y las mujeres, con gesto esquivo,
provocativas, rompen los lazos.

Viene el bambuco, música y canto,
que con sus alegre pena africana,
desde la noche a la mañana
nos entretiene con risa y llanto,

Y mientras tanto los azafates,
en donde hierve rubio guarapo,
a la tertulia brindan sus mates,
que se repiten si el hombre es guapo.

Y las parejas entrelazadas,
o que se sueltan de vez en vez,
piden con voces entrecortadas,
vinete negro de Chucunés.

Cuando la aurora se desmadeja,
todavía danzan con el cununo,
hasta que al cabo, uno por uno,
sale del rancho con su pareja.

Mientras que el dueño, que el gasto afronta,
ya fatigado de la marimba,
se va a su lecho de dura chonta
y se apaga el fuego de su cachimba!


Serrana


A don Tomás Rueda Vargas

Se filtra un frío duro.  Hay fiesta en el poblado.
Un organillo ronco, música mala muela.
El extranjero grita con su tono atiplado:
- "¿Querer saber futuro?"  La tristeza me duele.

Los delgados barrotes pican las guacamayas.
Se abre con sorpresa la caja de la suerte;
entonces mi curiosa banalidad advierte
el femenino corro con domingueras sayas.

El organillo toca un vals que hace años,
pudo ser una polka.  El gringo, que es psicólogo,
fingiendo indiferencia, masculla su monólogo,
que lo acompaña siempre de ademanes extraños.

El negocio está en boga.  "Bella ragaza. ¿queres
saber la sorte bonna o adversa?" nada importa.
Por unos cuantos reales... ¡esta vida es tan corta!
"¡Non e vero? - "¡Qué lindo!" - dicen unas mujeres.

El suave animalito como esmeralda viva,
entrega a un hombre gordo una azul papeleta,
que la abre con nerviosa mano.  "Serás poeta".
Los parroquianos dicen: "¡Viva el poeta, viv!"

Un novio ha recibido una grata noticia:
"Heredarás muy pronto".  La regañona suegra,
creyéndose aludida: "¡Anda, vida tan negra!"
Mientras que la pareja se hace caricia.

La bonita del pueblo:  "Una mujer morena
te quitará tu novio, pero saldrás triunfante".
"¡Ay! la conozco - grita - presuntuosa, tunante,
no has de poder conmigo.  "¿Qué dirá mi patrona?"

Y el hacendado salta con sin igual contento.
Su mujer, que es un ogro, el papel le arrebata:
"Morirá tu martirio, y un nuevo casamiento
te hará feliz".  Y el ogro, por un poco lo mata.

Ha llegado la noche.  El gringo se ha marchado,
burlándose del pueblo, que fue un siemple pelele.
Pero dejó en su alma, como nuevo pecado,
la inquietud maliciosa de un futuro que duele.
 

Bibliografía

Las mejores poetisas colombianas / Josefa Acevedo de Gómez... [et al.].  Series Biblioteca aldeana de Colombia Selección Samper Ortega de literatura colombiana.  Editor: [Bogotá] : Minerva, 1936. 

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