Lucrecia Panchano (1940)

Lucrecia Panchano, Escritoras afrocolombianas, Escritoras colombianas, Mujeres escritoras del siglo XX, Derechos reservados
Lucrecia Panchano, escritora colombiana


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Currulao pa’ el Señor

A Mercedes Montaño (in memoriam)


Hubo un tropel en el cielo

y tremenda algarabía

es que toditos corrían

desde todos los confines

ángeles y serafines.


santos y santas querían

saber lo que había pasado,

quién era el que había llegado,

qué alboroto producía

con una triunfal entrada

a aquel recinto sagrado.


Y con folclórica tonada

a San Pedro preguntaban

que estaba en la portería

si informarles él podía

quién causaba ese desvelo.


Y fue el Espíritu Santo

quien a todos puso al tanto

explicándoles a su amaño.

«La causa», dijo, «señores,

de esta celestial revuelta,

es que llegó Mercedes Montaño

a hacer currulao al cielo».


Ella les dijo sonriendo:

«Es que aquí nos dimos cita

Petronio Álvarez, Margarita,

Dalia, Agustina y demás gentes,

Gregorito el marimbero

cuyo saber amerita

que a esta Corte del Creador

traigamos nuestro folclor

el mejor del mundo entero».


África grita

En tu fisonomía, pelo y piel, África grita.

Grita en la mezcolanza de la pigmentación,

grita en el alma, allí donde lo noble de todo ser habita,

y hace eco, en los vericuetos de la imaginación.

África grita en las mil voces del ancestro

como fuerza telúrica, estremece nuestro ser.


Grita todo lo suyo, que también es lo nuestro

en todos nuestros actos y nuestro quehacer.

África grita, en todo aquello que significa vida

y en el dolor sin nombre de siglos de opresión.

África grita, en la esperanza y en la fe perdida

y en las reconditeces de nuestro corazón.


África grita, no para inventariar un pasado infamante

ni hacer recordatorios de humillante racismo.

África grita, para impulsarnos a seguir adelante

para que nuestra identidad no se vaya al abismo.

África grita en la sangre que corre por las venas

y hace del corazón, lugar de confluencia.


Grita en nuestras alegrías, también en nuestras penas

y releva en raíces, su física presencia.

En todo cuanto existe y nuestro entorno agita

África con vehemencia y sin ambages grita.


Afrodescendencia

Afrodescendencia, inevitable consanguinidad

que atravesó, distancias y fronteras…

que desafió, pigmentación e identidad,

que superó, escollos y barreras.


Sangre que quema, corazón que aprieta.

Es África que grita entre las venas,

ancestro que aprisiona, que sujeta,

que exige libertad y no cadenas.


Madre África distante y latente,

grito sin eco, rabias contenidas…

siempre y por siempre estarás presente,

eres parte vital de nuestras vidas.


Madre África, somos tu descendencia

y en la sangre llevamos tu presencia.


Carimba

Carimba. Marca de abominable esclavitud

que todo nos robó, excepto la conciencia

que en nosotros releva su física presencia

y enfatiza en el negro, su máxima virtud.


Carimba… marca indignante del vasallaje

que quiso destruir todas nuestras raíces.

Y aunque hoy presentamos diferentes matices,

somos supervivientes de infame coloniaje.


Después de varios siglos de ignominia y dolor

y con esa fe suprema que el negro vivifica,

por llevar en su ancestro ese, ¡algo! superior.


Carimba… Ahora es símbolo de libertad y amor

con un significado que el negro dignifica

y es la expresión auténtica de altivez y valor.


Como la muerte

Tu amor es para mí como la muerte,

definitivo, cierto, inexorable.

No se puede evitar lo inevitable

dueño eres de mi vida y de mi suerte.


Y es inútil que trate de evadirlo,

porque es como la muerte poderoso

y cuando más me empeño en herirlo

él se torna más fuerte y más hermoso.


Yo sé bien que inútil es luchar

por apartar tu amor de mi camino.

Si estás en mi reír, en mi llorar,

en mi dicha, en mi calma, en mi pensar.

Eres del corazón el palpitar

por mis venas te siento circular

sellando cual la muerte mi destino.


Los manglares

Amos en la heredad de los esteros,

príncipes orgullosos de los mares,

los vientos les enseñan sus cantares,

y son del litoral, tiernos señeros.

Majestuosos y altivos se levantan,

¡los nativos manglares!


Oficiando de insomnes centinelas,

escudriñando ignotas lejanías,

las auroras y ocasos de los días,

y el mágico vaivén de blancas velas,

al paso de los años se agitan,

¡los nativos manglares!


Hincan sus laberintos de raíces,

para erguidos otear el horizonte,

en sus ramas anidan los sinsontes,

y sus renuevos se llenan de matices,

con su vistosidad, el entorno encanta,

¡los nativos manglares!


Dioses en el Olimpo del paisaje,

refugio de emigrantes criaturas,

del mar conocen calmas y bravuras,

y disfrutan las caricias del oleaje,

ante las tempestades no se espantan,

¡los nativos manglares!


Pero el hombre inclemente lo depreda,

sin valorar sus múltiples bondades,

sin pensar que de sus verdes mocedades,

tras la criminal tala nada queda.

Al infinito cuentan sus pesares,

¡los nativos manglares!


Bibliografía

Cuesta, Giomar y Ocampo, Alfredo. (2010) Antología de mujeres poetas afrocolombianas. Bogotá, Colombia: Ministerio de Cultura. 

¡Negras Somos!: Antología de 21 Mujeres Poetas Afrocolombianas de la Región Pacifica/ Compiladores Guiomar Cuesta Escobar, Alfredo Ocampo Zamorano.  Santiago de Cali.  Programa Editorial Universidad del Valle, 2008.

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