Yadira Rosa Vidal Villadiego (1986)
Biografía
Yadira Rosa Vidal Villadiego (Gilgal, Unguía, Chocó, 19 de agosto de 1986) es una antropóloga, educadora, escritora y defensora de los derechos humanos y del patrimonio cultural e histórico. Su trabajo se centra en la restitución de derechos territoriales de comunidades negras e indígenas de Colombia, y su producción literaria combina su compromiso social con un profundo amor por la naturaleza y la vida en el Chocó.
Formada como antropóloga en la Universidad de Antioquia, Vidal Villadiego cuenta además con especializaciones en Derecho Internacional Humanitario y Lúdica Educativa. Ha publicado textos académicos sobre geografía y paisaje desde 2011, pero su trayectoria literaria está marcada por su participación activa en talleres y colectivos culturales como el Taller de Escritores "Urabá Escribe" y el Colectivo de Mujeres Escritoras de Urabá "Las Musas Cantan".
Su poesía y narrativa, de una sensibilidad profunda, exploran temas como la identidad, el territorio, la memoria y las experiencias de las mujeres afrodescendientes. Ha sido incluido en diversas antologías, como Policromías Literarias (2013), Antología Relata (2013) y Las Musas Cantan: Grito de Primavera (2016). Su primer libro de poesía, Río Arriba (2018), fue galardonado con la Beca de Circulación Internacional del Ministerio de Cultura, lo que le permitió representar a Colombia en el VI Encuentro Internacional de Escritores en Úbeda, España, en 2019.
Obras destacadas
- Río Arriba (2018, reedición en 2021 y 2022)
- La cicatriz del ombligo (poema premiado, 2020)
- Partería (poema premiado, 2021)
- Donde cantan los grillos (2021, antología poética)
- Textos académicos sobre geografía y paisaje (2011).
- Yadira Rosa Vidal Villadiego se ha convertido en una figura clave en el ámbito cultural colombiano, tanto por su trabajo literario como por su activismo en defensa de las comunidades afrodescendientes e indígenas, siendo una voz imprescindible para la construcción de una memoria colectiva arraigada en el Darién. Caribe y más allá.
Poemas
Las cocineras
Son pájaros color berenjena
hacen su nido en tierras bajas, donde el sol
camina en un verano permanente.
Las cocineras tuestan sus alas en los matorrales,
ven pasar a los campesinos
que no les gusta escucharlas,
si oyen su canto más de tres veces
alguien cercano se irá antes que la rueca solar de otro giro,
ese anuncio es irrefutable, si el canto se escucha
y un relámpago ilumina el horizonte
Agachada entre matorrales escuchaba su fiesta
como si el arroz se cociera en el caldero,
su canto advertía la visita del aguacero,
como rosario, el tamiz del cielo se desgranaba y alguien decía:
una bruja se ha casado.
El arcoíris nacía el índice de un dios indio,
yo permanecía agazapada entre hojas de mafafa
viendo a las cocineras arropadas con su plumaje
en las ramas de los guayabos.
Algunos creen que son mariamulatas,
pero no, las cocineras
no en vano reciben este nombre
ellas no solo cantan,
también cocinan,
sazona su canto el paisaje que habitan.
Darién
Nací en el Darién,
donde la selva se explaya,
revelando la delgada línea,
que separa el mundo,
de los pájaros y el hombre.
Hubo un tiempo,
en que las cosas
solo tenían nombre
en lengua Cuna (1):
Los niños,
nacían con los ojos cerrados;
Los Chigüiros,
pastaban cerca de los tambos;
El Bocachico,
podía agarrarse con las manos.
Los vecinos hicieron corrales,
para guardar el Morrocoy,
que semejantes a pedruscos
inundaban los patios.
En el río,
nadaban extrañas mujeres
con quienes,
los mancebos
y solitarios
copulaban.
Después se enteraron,
que estas doncellas,
tenían por nombre:
Manatíes.
En esa tierra,
las mujeres entierran,
el ombligo53 de los hijos
recién paridos,
cerca de la casa,
con la esperanza
de que vuelvan a ella.
En mi caso,
mi madre,
se levantó temprano,
envolvió mi ombligo,
en un trozo de tela roja,
lo llevó hasta el patio.
Era el mes de las tormentas
y los aguaceros.
Esa mañana,
bajo la lluvia,
lo sembró
al lado de un árbol frondoso,
de limón mandarino.Darién
Nací en el Darién,
donde la selva se explaya,
revelando la delgada línea,
que separa el mundo,
de los pájaros y el hombre.
Hubo un tiempo,
en que las cosas
solo tenían nombre
en lengua Cuna (1):
Los niños,
nacían con los ojos cerrados;
Los Chigüiros,
pastaban cerca de los tambos;
El Bocachico,
podía agarrarse con las manos.
Los vecinos hicieron corrales,
para guardar el Morrocoy,
que semejantes a pedruscos
inundaban los patios.
En el río,
nadaban extrañas mujeres
con quienes,
los mancebos
y solitarios
copulaban.
Después se enteraron,
que estas doncellas,
tenían por nombre:
Manatíes.
En esa tierra,
las mujeres entierran,
el ombligo53 de los hijos
recién paridos,
cerca de la casa,
con la esperanza
de que vuelvan a ella.
En mi caso,
mi madre,
se levantó temprano,
envolvió mi ombligo,
en un trozo de tela roja,
lo llevó hasta el patio.
Era el mes de las tormentas
y los aguaceros.
Esa mañana,
bajo la lluvia,
lo sembró
al lado de un árbol frondoso,
de limón mandarino.
La cicatriz del ombligo
Al nacer,
madre sembró mi ombligo en esta tierra.
Tiene mi corazón,
raíz de mangle de sus pantanos.
No pretendan que amamante mi ser
un seno ajeno,
crecí en su pecho:
abrazada a las ramas de los higuerones,
esculcando los nidos,
que hacen las despeinadas
raíces del pichindé
luego de las crecientes.
Crecí hablando con Caragabí
dibujando en la piedra
el camino de las estrellas.
Mi casa
tenía un techo de pájaros
y por paredes,
los fuertes brazos de un abarco.
Esa casa la habitaron
las primeras mujeres de mí pueblo;
instruidas por la gran Dabaibé
recogieron los frutos,
en el cerro de los espíritus,
bajo los árboles amasaron el suelo
para fabricar vasijas
y guardaron en ellas
el espíritu de nuestros muertos.
En la llanura,
húmeda y calurosa,
tejieron canastos,
siempre a la sombra,
por eso, el sol,
a las abuelasde mis abuelas,
nunca les encrespó el cabello.
Los que no tienen su ombligo
enterrado aquí
han querido escarbar,
para sacar el mío;
cercenar mi lengua
para que no cuente.
Cortaron mi árbol de karrá,
la Madremonte
no ha repicado sus tambores,
y el Jaguar ya no afila sus garras.
El Choibá
no resistió a las sierras,
desaparecieron las canoas
cuando acabaron los balsos
la misma planta,
pintó de verde el valle,
un rumor de botesprofana la corriente,
en el río:
deshuesados
desfilan los espíritus de la selva.
El Pilón
Tallado del corazón
de un Almendro:
El Pilón de la casa,
era fuerte.
Semejante a las almas,
que soportan el sufrimiento.
Temprano en la mañana,
pilaban el maíz para las gallinas
y la mazamorra del almuerzo.
La abuela decía,
que así, daba mejor caldo.
La natilla
en épocas decembrinas,
tenía mérito, sólo cuando se pilaba.
En el Pilón,
se trituraba el plátano
para hacer coladas,
y todo lo que se podía machacar,
cuando el molino se dañaba.
Como un bembé28
en noches chocoanas,
brincaban las semillas del arroz,
al evitar que las manos del Pilón,
ufanaran su desnudez.
El golpe seco de la madera,
retumbaba en los ranchos.
Eufonía ancestral,
que parecía golpeaba el alma.
El sonido,
que estallaba en el patio:
Era la promesa,
de un plato servido.
Una danza cadenciosa,
que terminaba,
cuando las últimas cascarillas de arroz,
teñían el suelo de pajizo.
Recio Pilón,
que dormitas en el patio.
Reflejas en lustroso cuenco,
la cara de la noche.
Recoges en tu ombligo,
lágrimas de las tormentas
y la oscuridad que hostiga al rayo.
Has abrigado en tu seno,
estrellas fugaces,
antes de convertirse en deseo.
Tosco Pilón,
que serviste de carro,
al rodar por la platea de la infancia.
Hoy,
reposas en un rincón de la casa,
evocas la añoranza de otros días,
cuando los hombres,
tenían tiempo,
para contemplar el ocaso.
¡Libertad... para pensar!
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