Pilar de Valderrama (1889-1979)

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Pilar de Valderrama, escritora española

Biografía

Pilar de Valderrama Alday (Madrid, 27 de septiembre de 1889 – Madrid, 15 de octubre de 1979) fue poeta, dramaturga y animadora cultural vinculada al postmodernismo español, cuya figura ocupa un lugar singular —y conflictivo— en la historia literaria del siglo XX.  Conocida durante décadas bajo el nombre simbólico de Guiomar, su identidad quedó indisolublemente ligada a la poesía tardía de Antonio Machado, pero su trayectoria literaria excede con claridad el papel de musa al que con frecuencia fue reducida.

Formada en el seno de la alta burguesía madrileña, Pilar de Valderrama desarrolló tempranamente una intensa vida intelectual.  Desde muy joven participó en los círculos culturales de Madrid y convirtió su casa en un espacio de sociabilidad literaria y artística. Fue miembro del Lyceum Club Femenino —fundado en 1926—, institución clave para la modernización cultural de las mujeres españolas y punto de encuentro de escritoras, pensadoras y artistas como María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Concha Espina o María Lejárraga. Su cercanía a este entorno la sitúa, aunque de manera periférica, en la órbita de las llamadas Sinsombrero, mujeres intelectuales cuya obra fue durante décadas invisibilizada por la historiografía literaria.

Más allá de la poesía escrita, Pilar de Valderrama destacó por su compromiso con la escena. En su propio domicilio impulsó el Teatro Íntimo Fantasio, un teatro de cámara en el que se representaron obras de Aristófanes, Jacinto Benavente y textos propios.  Este espacio, cuidado en su escenografía y en el tratamiento de la luz, revela una concepción integral del hecho artístico: la palabra poética no como objeto aislado, sino como experiencia estética total, vinculada al cuerpo, la voz y la representación.

Su escritura poética se inscribe en el postmodernismo, pero sin una adscripción rígida a escuelas o programas estéticos. Sus versos tienden a una lírica intimista, simbólica y espiritual, marcada por la evocación, el sueño y la interioridad. No se trata de una poesía rupturista ni vanguardista, sino de una voz que dialoga con la tradición modernista desde una sensibilidad femenina atravesada por el deseo contenido, la espera y la idealización amorosa.

La notoriedad pública de Pilar de Valderrama quedó durante largo tiempo eclipsada —y, al mismo tiempo, garantizada— por su relación con Antonio Machado. El vínculo, iniciado en 1928 y sostenido principalmente a través de una intensa correspondencia epistolar, permaneció en el secreto durante años y fue revelado de manera fragmentaria tras la muerte del poeta. Solo en 1981, con la publicación póstuma de Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida, Pilar asumió explícitamente su identidad como la Guiomar de los poemas machadianos, convirtiéndose así en una figura central para la interpretación del Machado crepuscular.

Desde una perspectiva literaria, Guiomar no fue únicamente un referente biográfico, sino una construcción simbólica: interlocutora, espejo y alter ego poético. En los poemas dedicados a ella, Machado elabora una figura que encarna la distancia, la imposibilidad y la comunión espiritual, elementos esenciales de su última poética. Pilar de Valderrama, consciente de esta dimensión simbólica, defendió siempre el carácter platónico de la relación y subrayó el valor del “tercer mundo”: un espacio de encuentro imaginario donde la palabra sustituye al cuerpo y la escritura se convierte en lugar de presencia.

La recepción crítica de su figura ha sido ambivalente. Para algunos estudiosos, Pilar de Valderrama fue una poeta menor cuya relevancia deriva principalmente de su relación con Machado; para otros, representa un caso paradigmático de cómo la autoría femenina fue relegada a un segundo plano, incluso cuando participaba activamente en la producción cultural. Su obra, sin ser extensa ni canónica, posee un interés indudable por su diálogo con la tradición lírica, su sensibilidad escénica y su papel como catalizadora de uno de los ciclos poéticos más intensos del siglo XX español.

Poemas

Glosa

Acaso a ti mi ausencia
acompaña. A mi memoria
tu recuerdo.

Me acompañó tu ausencia día a día
en todas mis angustias interiores;
en medio de amarguras y dolores
llenó de tu nostalgia el alma mía.

Al irte para siempre, no sabía
tu corazón los arduos sinsabores
que me acechaban, como negras flores
de muerte, olvido y soledad sombría.

En aquel “tu dolor” de mi recuerdo
estaba yo; tú estabas en la “ausencia”
en que “de mar a mar” nos obligaron.

En laberintos de un ayer me pierdo;
y veo en esta luz de tu presencia
que ni guerra ni mar nos separaron.

Huerto cerrado

Unas tapias altas cerrando un espacio
pequeño: 
Pequeño tan sólo si se mira a tierra, 
pero ilimitado si se mira al cielo.

Hiedras en esas tapias. 
Un ciprés muy viejo 
al que en Mayo alegran unas golondrinas 
pone en el ocaso su perfil austero. 

Las nubes muy cerca. 
El mundo muy lejos... 

Crece el cinamomo junto a los granados, 
el mirto, el romero; 
y sobre la orilla fresca de un arroyo 
abren sus corolas los lirios bermejos. 

De mi propio campo, de mis propias flores 
soy el jardinero. 
¡Con qué amor las riego! 

De hierbas, reptiles 
e insectos, 
que un día pudieran secar sus raíces, 
las limpio y defiendo. 

Y para que nunca ningún ser profano 
a ultrajar llegara mis lirios bermejos, 
quisiera crecieran... crecieran... las tapias 
hasta confundirse con el ancho cielo.

Por fuera la vida 
y yo aislada dentro 
sobre el viejo mundo  
en mi mundo nuevo... 

Y cuando un extraño, mirando el recinto 
curioso indagara. «¿Será torre o templo?» 
Alguien respondiera: «Es Huerto Cerrado 
donde se cultiva la Flor de los Sueños».

Poema tercero

Ella y él se miraron hondamente, 
y algo indefinido 
entre los dos flotó, tan impalpable 
como un soplo divino. 
Después, cuando las manos se estrecharon, 
de nuevo confundidos 
ella y él, no supieron 
lo que pasó muy dentro de ellos mismos. 
Ni una frase de amores hubo luego, 
ni un pensamiento vino 
a conturbarles con aliento impuro 
la carne ni el espíritu. 
No hubo allí en realidad, ni apariencia, 
más que un saludo frío, 
una mirada en otra, y sin embargo... 
¡qué inmensurable abismo!

Este beso

Este beso que tiembla en tu boca
y en la boca mía,
tiene un dejo de amarga verdad,
de dulce mentira,
es licor de muerte
y es un tiempo venero de vida.
Es infierno por senda de flores
es la Gloria por senda de espinas.
Es risa entre llanto,
es llanto entre risa.
Es abismo muy hondo… muy negro…
que una astral claridad ilumina.
Es el árbol que guarda en sus ramas
la fruta prohibida,
y cuando a ella se alarga la mano
una fuerza interior, la retira.

Es embrujamiento.
Pecado que brinda
en el fondo un aroma muy puro
de incienso y de mirra…
Pecado que enciende
tanto fuego que al fin, purifica.

Este beso que fue condenando
nuestros labios a eterna sequía;
que nos fue, poco a poco, mermando
la sangre y la vida…
Ahora ya en el umbral de la muerte
aún lo siento que vivo palpita,
¡este beso que nunca se dieron
tu boca y la mía!

Evocación

Aquel café de barrio, destartalado y frío,
testigo silencioso de nuestras confidencias,
extremo de rigores, conjunto de inclemencias,
que sólo caldeaban tu corazón y el mío.

Viejo café de barrio, adonde yo acudía,
donde tú me esperabas con el alma impaciente,
y cada vez, al verme, coronaba tu frente
con un halo de luz la fugaz alegría.

Con nostálgico afán en vano te he buscado
queriendo en tus vestigios revivir un pasado
que inexorablemente para mí se ha perdido.

Nadie de ti sabía, todo estaba cambiado:
tus muros, tu recinto, la sombra de Machado
como un girón de niebla han desaparecido.

¡Libertad... para pensar!

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