Acerca de las mujeres y otros cuentos: yo


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Imagen de Jeison Retamal en Pixabay


Esta serie que he denominado Acerca de las mujeres y otros cuentos, inició con la segunda persona del singular, a quien se habla, tú.  Puedes conocer esa historia aquí.  Ahora voy a presentarte a la primera persona o quien habla, yo. 

Como tú también me pregunto si el destino existe, si somos el anhelo de un dios ocioso que juega a tirar sus datos, y si las predicciones de los astros son algo más que los desvaríos de un loco, empeñado en comprender el caos.

Me gusta el escozor que produce lo desconocido y nuestros vanos intentos de aprehender el todo, por la soberbia de creernos únicos.  Alguien diría: "no hay peor ciego que el que no quiere ver", porque los humanos nacimos de la oscuridad y buscamos la luz para rehuir las sombras.  Al deambular de espaldas a lo oscuro enloquecemos e intentamos entender la vida mediante opuestos: sombras vs luz, bueno vs malo, alegría vs tristeza, amor vs odio; separamos lo indivisible.  

¿Qué se esconde bajo el negro manto de las cosas?   Los cuentos, los mitos fundacionales y otras historias refieren que en la oscuridad se oculta lo indecible, el mal, lo tenebroso; los seres cuya existencia altera el cosmos, o desdicen nuestras creencias.  Sugieren, igualmente, que la oscuridad es el principio y la luz el fin de todo.

Deja que te cuente mi versión de la historia.

Lo que aparece, los seres y las cosas, se muestran como el dios Jano de los romanos, son bifrontes; los denominados opuestos.  En la mitología, Jano representa el comienzo y el final de algo, una cara mira al frente (el futuro) y otra cuida su espalda (el pasado).  


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Escultura del dios Jano

Mi historia dice que Oscuridad y Luz son dos hermanas siamesas, un cuerpo con dos cabezas y dos caras que no pueden mostrarse al tiempo.  A Oscuridad le gusta crear, teje y teje sin descanso, da forma; es el vientre primero.  Entonces, cuando sus creaciones ganan lo esencial llega Luz y hala desde el otro lado, despierta al naciente.  Separa lo que ha sido uno y crea un vínculo.  Luz exhibe las cosas en su gran teatro de marionetas y las pone en relación con otras.  A este aparecer en escena le llamamos ser, existente.  Luz es el mundo, el segundo vientre, al que llega lo que no se malogra.  

La siamesa Luz tiene el privilegio de dar apariencia a lo que Oscuridad concibe.  Les atribuye un nombre, les asigna un lenguaje y los organiza por grupos y afinidades.  Pero toda existencia es frágil.  Los intercambios, los encuentros y desencuentros que propicia Luz, quiebran, lastiman o hacen perder el rumbo a lo creado.   Por eso, al dormir o cuando se presenta un daño interno (en los humanos son dolores y penas) o externo en la estructura, los artilugios son enviados al taller de Oscuridad.  Ahí la artesana remienda, sana o trata de recuperar sus obras.   Aquello que sufre un deterioro severo pierde lo esencial que exige Luz para mostrarlo, y no puede volver al mundo. 

Desde niña he creído que debemos ocultar nuestras penas, sobreponernos a las tristezas, porque no hacen bien.  (Recuerda, Luz es directora de escena.  Ha creado cientos de escenarios y nosotros exhibimos de forma insana nuestros pesares). Con los años he aprendido que tampoco se trata de aumentar la tolerancia al dolor, hasta negarlo, que basta con dejarlo ser, porque es una onda (tiene una causa, produce un efecto y cumple un ciclo).  

Nacemos, o se nos permite un nuevo comienzo, cuando alcanzamos lo esencial para aparecer en el mundo; así, Oscuridad guardan en nuestro talón los dolores y las tristezas, y los adorna con dos pequeñas alas.  Al volver llegamos ligeros de carga, dispuestos a superar cualquier obstáculo.  Con ese nuevo talante nos convertimos en mensajeros de los dioses, como el dios Hermes de la mitología griega (esta deidad se ocupa de dos puntos que me importan: uno, los cambios - ir de un lugar a otro-.  Dos, resguarda las puertas que permiten el paso de los viajeros, igual que Jano). Las alas nos recuerdan a Oscuridad y son un guiño para quienes descreen de su poder sanador.


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Hermes

Si me preguntas, creo que Luz es el primer misterio que debemos resolver.  Sin embargo, nadie la interroga por su evidencia, porque aleja los fantasmas, ahuyenta el miedo y sirve de escudo contra lo inefable.  Porque nos confunde en medio de nuestra locura.  Luz es nuestro gran bastón de ciegos.  Sin embargo, no la culpo.  Ni ella ni Oscuridad existen en el sentido en que somos los seres y las cosas.  Son el principio y el final de todo, un círculo.  Y nosotros de-mentes, nos permitimos juzgar lo que determina. 


¡Libertad... para pensar!

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