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Acerca de las mujeres y otros cuentos: Tú

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Fotografía Cortesía de Eugenia Noreña. Querido tú,  ¿Tienen edad tus recuerdos? Los míos se reinventan cada día.  Siempre son jóvenes.  Si me descuido un poco adquieren la sustancia de lo nuevo:  anhelado e impredecible. No me dejo enceguecer por sus destellos.  Una fachada sin fondo los precede, y se imponen a los días sin necesidad, por constancia. ¿Qué sería de ti sin mis recuerdos?  ¿Puede existir aquello que no se piensa? Cogito ergo sum, dijo Descartes. Pero descubrí que en nuestra historia, las pasiones pueden más que el pensamiento.  ¿Qué nombre adquieren las cosas perdidas?  ¿Puedo llamar dolor a la ausencia? Aunque confieso, no tengo claro si pesa más el alma o la memoria, o si el dolor se gesta al ligar el presente al pasado; en los absurdos intentos de "corregir" lo vivido y herirme de culpa. Aún me empeño en visualizar cómo sería mi vida si...  A pesar de mí misma.  Modifico los escenari...

La soledad de mis elecciones

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Karim Khan Castle, Shiraz, Irán (Fotógrafo Paolo Cesare Butturini) El zorro conoce mejor que yo la lección del destino.  Dijo aquella vez al Principito, al referirse al acto de domesticar: "No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros.  Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro.  Tú serás para mi único en el mundo.  Yo seré para ti único en el mundo." La historia del zorro y el Principito invita a reflexionar sobre las cosas que elegimos.   Las personas con quienes coincidimos y cuyas vidas discurren paralelas a la nuestra.  Cómo se conectan nuestras circunstancias, hasta parecer un mapa o una historia, es algo que resulta inalcanzable para nuestros pobres sentidos;  no obstante, me empecino en prolongar los rayos de luz que agrietan la oscuridad y otear las sombras. Todos los días que preceden a esta hora, he salido a defender mi soberanía, la emocional, que se pierde cuando el alma se negocia...

Relámpagos

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Rocca Santivale, Fotógrafo Paolo Cesare Butturini. La lluvia limpia huellas que imprimió la tierra, lo imborrable se vislumbra si el sol retoma el día. Se derrama en chubascos el favor de los dioses sobre las sombras, y aletea sin fuerzas lo que horada el tiempo. ¿Persiste algo después de los diluvios? Quedas tú... Tiritas de frío en la penumbra. Olvidado el recuerdo de la gris tormenta rehaces tu camino sin motivos. Anhelas en secreto, con la memoria fugaz del relámpago, que el día se quiebre y la lluvia regrese a recordarte de qué estás hecho. ¡Libertad... para pensar!

Claridad

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Plazoleta Biblioteca Mario Carvajal, Univalle, Colombia. ¿Qué merece la muerte que pueda darle este cuerpo que agoniza tan temprano? Merece un nombre propio:  mi muerte. Un posesivo que denote quien la espera. Merece que mi cuerpo  tenga el justo peso de mis años, y se eleve a la altura de su rostro. Que mis cerrados ojos  sean espejos, y reflejen del fin de los principios.  Merece encontrarme despierta, con la tranquilidad silente de la sabiduría. Que en mis recuerdos la invoquen sentidas palabras,  furiosa derrota. La muerte merece  que cuando se haga la luz responda.  Llama la muerte, la llevo a mis espaldas, se hace una conmigo,  me supera . ¡Libertad... para pensar!

Estación derrota

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Catedral de Siena, Italia (Fotógrafo Paolo  C. Butturini) Las rupturas amorosas asemejan paradas forzosas, en estaciones lejanas y desconocidas. Al descender, buscamos con afán algo o alguien que justifique nuestra presencia.   La mirada vaga por rostros y figuras que se tornan grises o pierden su encanto demasiado pronto. Acorralados por el orden de las cosas, nos evadimos a un momento anterior al caos y al dolor del presente.  Allá donde el lenguaje tiene sentido y podemos construir oraciones sin oscilar entre el pasado vivido con la pareja y el presente  sin ella. Las rupturas también tienen la impronta de una noche pasada a la intemperie o una parada brusca en la autopista.  Pero mi sensación favorita es el vértigo que producen, similar a una caída al vacío, y La angustia por saber cuál es el punto final de la historia y que distancia debemos recoger hasta alcanzarlo.  Con el quiebre de la continuidad,  nos sentimos incó...

Alargada ausencia

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Bogotá, D.C., Colombia Ninguna soledad precisa compañía, nadie la puebla ni puede darle un nombre que la niegue. Toda soledad se desnuda entrelíneas, en gestos vívidos y pausas de silencio. Mi soledad se cruzó con la tuya una mañana. Olvidó su propio ser y fue sombra, o alargada ausencia, liviana tras mis pasos y densa bajo la luz de tus ojos. Mi soledad y la tuya son preguntas abiertas, escritas en arquetipos eternos, incontestables, desde la finitud del lenguaje. Quiere mi soledad acercarse a la tuya, deambular juntas, igual próximas y distantes. Mas tu sombra solo es tal en el crepúsculo y la doliente mañana la esconde entre tus carnes. Me niega la vida resolver tu laberinto, interpretar tu mirada con un lenguaje distinto al mío. Y te sostiene ante mis ojos inexpugnable. Un acertijo del tiempo sin solución, infranqueable. ¡Libertad... para pensar!

Yin y Yang

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Mi jardín, Robles, Jamundi, Colombia. Soy luz y sombra.   Amaneceres ruidosos y noches agotadas de silencios. En mi cuerpo hay dos fronteras:  la vida ocupa el occidente,  donde empieza la muerte. Una carita feliz,  mi corazón de niña,  mi sangre, la bravura adolescente.   La madurez marca mi frente,  y otea la vejez por si me llega. Luces y sombras son mis recuerdos,   la obscuridad  no miente,  a plena luz soy un reflejo. ¡Libertad... para pensar!