El festín de la carne

La Masacre de inocentes, Peter Paul Rubens La presa no avanza a cuatro patas ni huye despavorida por el bosque, a la presa la buscan en su casa, en la calle, la vereda o en el monte. No es destino de la presa huir sin pausa, enterrar las injusticias con sus muertos, negar su dolor, la complacencia o vivir resignada sus destierros. Deambular la odiosa senda del silencio, lamer sus heridas con zozobra, negociar dignidades frente a un fierro, estrangular corduras con el filo del tiempo, y habitar un purgatorio en esta Tierra. Inmolar a la presa incluye el aviso previo, el panfleto, las llamadas, la amenaza del fascismo que alucina coherencias. Hombres y mujeres armados, atrincherados entre el odio y los temores. Cazadores que ya no tienen la dignidad agradecida del que mata para sostenerse en vida. ¡Libertad... para pensar!